¿Un delito sin víctimas?

Tocar el tema de las drogas siempre es un poco complicado. Muchos de nuestros prejuicios vienen de personas que se pierden en su consumo; se convierten en seres dependientes por completo de ellas y en el peor de los casos delincuentes dispuestos a hacer lo que sea por obtenerlas.


Antes de mencionar el por qué no creo que la drogadicción sea un delito sin víctimas, haré alusión a un pequeño estudio que llamó mi atención. Para los años 60, ayudados de experimentos de tipo conductista, muchas investigaciones se enfocaron en las adicciones, utilizando ratas como objetos de estudio. De ahí se afianzó fuertemente la idea de que la adicción debía tratarse directamente como una enfermedad y se plantearon diferentes métodos para lograr la recuperación del sujeto experimental, basados en la idea de que, si el sujeto tenía acceso a la droga, olvidaría absolutamente todo lo demás, excepto el conseguirla.


Años después llegó el profesor Bruce Alexander, perteneciente a un grupo de investigación de la Universidad Simon Fraser en Canadá, en 1977, quien con su experimento “Parque de ratas” rompió el paradigma sobre las adicciones, proponiendo una nueva hipótesis: La drogadicción no era la enfermedad, era un síntoma de un estado depresivo o ansioso mayor. Y es que muchos de los experimentos realizados en esa época, ponían a las ratas en cajas aisladas de los suyos. Sin embargo, estos animalitos, al igual que nosotros son seres sociales que necesitan interacción. -Imagina un ser humano aislado sin ningún contacto, en el que sólo le brindan por una rendija agua y comida. Se vuelve loco-.



Los estudios del profesor Alexander, parecían arrojar el mismo resultado con las ratas. Cuando ellas estaban aisladas, sin contacto con nadie, su posibilidad de rehabilitación era muy baja. En cambio, si se les hacía adictas, y luego se liberaban en un ambiente donde podían convivir con otros de su especie, juguetes, comida y agua abundante, rara vez buscaban la droga.


Esta hipótesis formula el hecho de que el ser humano que se somete voluntariamente al mundo de las drogas es porque vive en una realidad que no tolera, y hará lo que sea con tal de escapar de ella, aunque sea sólo unas horas, sin importar el daño a sí mismo.


Ya establecí el primer punto, por el cual es que apoyo firmemente la hipótesis del doctor Alexander. He visto personas que consumen una droga una vez, y nunca más lo vuelven a hacer, y otros que se pueden perder en ese camino. Podría incluso pensarse para este momento que la única víctima de las drogas son los adictos que se pierden durante una sobredosis, y en dado caso vale la pena preguntarse si esa persona realmente es una víctima, puesto que se lo ha hecho solo.


Pero aquí viene mi contrapunto: la drogadicción no puede ser un delito sin víctimas, y no por las sobredosis, sino porque, cuando el estado tiene prohibida su venta, su transporte se convierte en algo peligroso. Y la lucha de los capos por los territorios suele ser mucho más que unas veinte cuadras, o una ciudad. Suelen controlar varios estados y enfrentarse por el territorio sin importar si en estos hay daño colateral.


En el momento que se transporta algo peligroso, es posible que las personas que mueven la mercancía estén dispuestas a sobornar, extorsionar y asesinar a quienes se metan en sus planes. La droga que tranquilamente pensamos que no le hace daño a nadie más que a los consumidores, cobra la vida de personas, inocentes y no tan inocentes, por lo que podemos considerarlo, está manchada de sangre.


Y aquí tocaré un tema muy delicado, por lo que lector, no tienes por qué seguir mi criterio. Yo creo que el problema se acabaría legalizando las drogas, y regulando su venta y uso recreativo. ¿Por qué? Porque en el momento en el que la legalizas conviertes a los criminales en empresarios, y bajo el modelo neoliberal casi capitalista que tenemos en México, puedes competir incluso por quién entrega una mejor mercancía. ¿Cuántos casos de gente consumida por droga adulterada no hemos visto en los diarios amarillistas?


Veo más ventajas en mi planteamiento, pero la principal que tengo en mente es justamente el que no se pierdan más vidas en un negocio que involucra el mover mercancía ilegal y en el que incluso inocentes que no tenían nada que ver fallecen. Si la principal objeción que tenemos es el hecho de que nuestros jóvenes se van a ver enganchados por las drogas, entonces demos realidades que no se tengan que evadir.


En países bajos se despenalizó el uso de las denominadas “drogas blandas” entre las que se encuentra la marihuana, y no es una ciudad perdida en la devastación y el crimen. Es uno de los países con mejor índice de calidad de vida e índice de bienestar poblacional. En Dinamarca existen las “habitaciones de la droga”, un programa donde se puede vigilar a las personas que deciden drogarse para que no mueran de sobredosis o por el uso de jeringas no estériles, responsabilizándose el estado de sus vidas.


Vale la pena pensar al respecto. Si queremos seguir teniendo muerte, miseria y drogadicción de manera irresponsable, ilegal e incontrolada. Porque, independientemente de la fuerza del estado contra los cárteles de drogas, es muy difícil quitarle lo interesante a algo que está prohibido.



Por Circe C. Hernández-Espino

Imagen por Wild0ne en PIXABAY

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