¿Sigues creyendo en cuentos de niños?


Hace unos días, por diferentes motivos, terminé viendo la película de “Mulán” con mi pequeña sobrina. Creo que verdaderamente nunca antes le había puesto atención, sobre todo, no había notado el gran diferenciador que existe con las demás historias de Disney.

He aquí un dato interesante: El personaje de Mulán, es de los menos “populares” dentro de la lista de princesas de Disney, eso me llamó mucho la atención, ¿El motivo? Tanto la historia como el personaje de Mulán son muy diferentes al resto, pues no se trata de la clásica “princesa rosa” (si analizas un poco la mayoría de este tipo de cuentos, notarás el común denominador).



Aquella historia donde la indefensa princesa en apuros de algún tipo, espera que el príncipe o el héroe la salve de la tragedia e injusticia que aqueja su vida (después de que el valiente caballero lucha y vence al temible enemigo), para enseguida darse cuenta de que ha encontrado "el verdadero amor" y así terminar viviendo felices para siempre... Esto no es algo que encaja con Mulán.


¡Alerta de spoiler! (Si no has visto la película es mejor que evites el siguiente párrafo)



Ella es una guerrera, no usa vestido, sino armadura y espada, no espera a ningún príncipe, sino que va a la guerra en lugar de su padre para proteger a su familia, de hecho nunca le interesó casarse, y al final de la película, Mulán es la heroína.



Pero, ¿por qué estamos hablando de cuentos de princesas? Es simple. Tiene que ver con los paradigmas que surgieron en nuestra infancia. Muchas de las cosas que pensamos, damos por sentadas, creemos “correctas” y consideramos que “así deben de ser”, simplemente mantienen ese estatus por que nunca nos hemos tomado el tiempo de cuestionarlas, y el peligro de esto es que muchas veces crecemos con definiciones muy torcidas del deber ser de las cosas.


En este caso, como ya habrás imaginado, tiene que ver con la expectativa que llegamos a tener en las relaciones y en la búsqueda de “la pareja ideal”. Dejamos de ser niños, pero sólo para convertirnos en adultos que siguen creyendo en dichos cuentos, pensando que nuestra pareja tiene que ser como esos personajes; esperamos una tener una historia de amor como de película y cuando no es así, nos enojamos y mentamos madres por que nos sentimos defraudados.


Muchos de mis clientes, en especial mujeres, acuden a mí en busca de respuestas sobre el porqué su relación se tornó tan caótica, después de varias sesiones poco a poco comienzan a concientizar que las creencias que tienen a veces carecen de todo sentido común, por tal motivo la expectativa que se terminan formando y lo que terminan buscando también.


Pero esto no sólo aplica para el género femenino, -¡No!- En el caso de los hombres encontré algo a lo que llamé “el síndrome del elegido”. Piensa en las películas para el público masculino por un momento y te darás cuenta que también tienen un común denominador, generalmente se trata de algún sujeto llevando una vida común y corriente, un personaje frustrado, deprimido y sombrío, cuya vida tiene poca o nula relevancia. De repente, por azares del destino, un día cualquiera se da cuenta de que es “el elegido”; algo pasa que termina por descubrir lo “especial” que es, así que termina reclutado por alguna agencia secreta, heredando la fortuna y/o poder de alguien, descubre que tiene algo mágico y único en el mundo, etcétera.


Después de enfrentar algunos desafíos y “superar sus límites”, generalmente de una forma heroica y valiente, salva al mundo, a la chica, o quizá resuelve algún problema mayor. Y al final de la historia, su vida se termina transformando, dando un giro y se convierte en el “alfa”, -en el chingón del cuento-, termina siendo respetado, admirado o temido.


-¡Sorpresa, sorpresa!- Muchos hombres crecimos persiguiendo ese tipo de cosas (respeto, admiración, temor). Queremos ser el centro de atención, el “especial”, el “elegido”, pero adultos ¿cómo lo hacemos? Queremos el título, el dinero por millones, autos deportivos, mansiones, modelos y una vida extravagante.


-Pff, de nuevo, adultos creyendo en cuentos para niños, sólo que de otro tipo-. La mayoría de las personas busca y persigue la dichosa “felicidad”, sin cuestionar nunca ¿cuál es el concepto que tiene de felicidad y de dónde diablos lo sacó?


Así que, más que preguntarte: ¿Quién quieres ser? Te quiero preguntar, ¿por qué crees que quieres ser esa persona? Pues, puede que te des cuenta de que sigues atrapado en el concepto de los cuentos para niños, ya sea que te sientas una princesa o un elegido, tal vez es hora de cuestionar dichas creencias, y no lo sugiero de una manera ruda, no.



Lo sugiero por que he sido testigo de muchas personas que viven con una frustración y una depresión gigantescas, no comprenden por qué su vida no es como aquellos cuentos. Y mi forma de ayudarlos, muchas veces ha sido haciéndolos conscientes de que lo que están persiguiendo es eso, ¡un cuento!


Creo que las historias fuera de lo común como la de Mulán, son fantásticas (y lamentablemente muchas veces rechazadas) porque se salen del espectro de creencias establecidas, adoptadas y normalizadas por la sociedad. Aplicado a la vida diaria, la moraleja y mi punto es, que no creo que la “felicidad” sea un cuento, sin embargo, creo que tal vez, la forma en la que esta se consigue no tiene nada que ver con las historias de películas y cuentos que adoptamos en nuestra niñez.


¿Has considerado el hecho de que lo que estás persiguiendo no te dará la felicidad y que tal vez, aquello que no has considerado ni por un momento sí? Te lo dejo para reflexionar.



Por José Peña S.

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