Rubén Darío y La Naturaleza Muerta

La Naturaleza Muerta en Instagram que nos agobia; reflexión sobre un cuento de Rubén Darío.


''Tenemos ventanas en la palma de la mano, y mucha naturaleza muerta del otro lado de ellas. Nos hemos acostumbrado a deslizar nuestros dedos inertes sobre la pantalla de luz cansada, observando comida que no comemos, películas que no vemos, música que no escuchamos, opiniones que no compartimos y, sobre todo, vidas que no llevamos''


Rubén Darío, poeta nicaragüense, deja una pequeña reflexión sobre este tipo de situaciones, donde observamos por una ventana, literal, metafórica o imaginaria, contenidos que nos hacen volar la cabeza, nos hacen imaginar y por sobre todo nos emocionan.


En su cuento “Naturaleza muerta” hace hincapié en el sentimiento de desengaño que deviene por las falsas apariencias, narrando en primera persona como al mirar a través de una ventana se encuentra con frutas apetitosas y recién cortadas, postradas en un trípode y con fondo ostentoso. Al acercarse un poco más descubre que las frutas están hechas de cera, mármol y cristal, no hay nada real y quizá de ahí que resulten tan extraordinarias al observarlas a la distancia.

Hoy en día, la distancia que nos divide a través de redes sociales es mucha. En Instagram observamos los perfiles de gente que adorna, ya no con frutas ornamentales sino con contenidos artificiales, la vida que llevan para poder plasmarla en la aplicación. Nos servimos de filtros para darle más brillo a nuestras imágenes, stickers de moda para encajar e incluso música para que “nos entiendan”, pero pocos nos entienden y muchos menos nos llegan a prestar real atención; así como tú o como yo, ellos observan a través de su ventana nuestra escena adornada con naturaleza muerta, pasean sus dedos inertes por su propia pantalla de luz cansada y se alistan para tomarse la siguiente selfie, adornarla, subirla, y así perpetuar el ciclo.

El desengaño de ver más de cerca, con mayor atención y criterio más amplio es el punto importante de este escrito, pues son miles de personas las que podemos ver al día, no recordaremos ni a la mitad de ellas y lo peor de todo es que consumirán nuestro tiempo y atención.

El tiempo y la atención que no le dediquemos a estos tópicos nos llevarán ineludiblemente a encontrarnos con toda la Naturaleza Viva que está a nuestro alrededor. Nuestros ideales, compromisos, pasiones, dudas, miedos y responsabilidades. La gente que amamos, quienes nos aman y, por supuesto, con nosotros mismos. Recordando siempre que la naturaleza viva siempre requerirá tiempo y esfuerzo, porque una uva de cristal estará lista en minutos, pero un jardín tarda meses en florecer.


Dejo el cuento citado:

“He visto ayer por la ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos, que hacen pensar en los mantos de los príncipes orientales. Las lilas recién cortadas resaltaban con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas té.

Junto al tiesto, en una copa de laca ornada con ibis de oro incrustados, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva y la sabrosa carne hinchada que toca el deseo; peras doradas y apetitosas, que daban indicios de ser todas jugo y como esperando el cuchillo de plata que debía rebanar la pulpa almibarada; y un ramillete de uvas negras, hasta con el polvillo ceniciento de los racimos acabados de arrancar de las viñas.

Acerqueme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado y las uvas de cristal.” Rubén Darío. “Naturaleza muerta.”, Azul. (1888)


Por: Pedro F. Villegas

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