¿Qué nos pasa cuando estamos bajo mucho estrés?


El estrés, es un elemento que siempre va a estar presente, habrá situaciones que lo generen en mayor o menor medida y en cada una de ellas va a depender de la manera en que lo estemos canalizando para evitar (o dejar) que nos afecte más, sin embargo, hay momentos en que no podemos llevar a cabo ciertas actividades para reducirlo, y es que actualmente nos encontramos en un punto en el que la cotidianidad no tiene fecha de regreso.




Nuestros niveles de estrés, presión y preocupación eran unos antes de la pandemia, después de ella, fueron otros. Actualmente experimentamos sensaciones que se están combinando con el exceso de información, alimentándose a través de las redes sociales y los sucesos alarmantes que se agregan.




Algunos ejemplos, de estos nuevos acontecimientos, son el sismo del pasado 23 de junio, con una magnitud de 7.5, el retroceso en el semáforo que fue creado por el gobierno, el aumento de casos de coronavirus y más despidos de los trabajadores en las empresas, entre otros.




Aquí es donde se manifiestan dos escenarios, el primero es lo que ocurre en nuestro cuerpo, el nivel de estrés rebasa a la persona, pero esta no quiere permanecer en un estado de conformismo e indiferencia, así que busca cómo solucionarlo. El cerebro envía una señal a las glándulas suprarrenales para activar el cortisol y crear un estado de alarma, generando energía extra que funge como una respuesta directa y/o inmediata para actuar bajo el estrés, cómo: trabajar sobre las habilidades, ampliar los conocimientos, hacer actividades, buscar un lugar/estado seguro.




El siguiente escenario lo conocemos bastante bien, es donde hay agotamiento emocional, baja autoestima, despersonalización, es decir, aislamiento, frialdad, ya no hay un sentido o valor que mueva a la persona para querer relacionarse con más individuos. En este caso, se inclina más a la parte negativa del estrés, en el que ya no se desea hacer nada, dejando a la persona, en un estado de indiferencia o en el que no sabe de qué manera actuar para conseguir mejores resultados y pierde tiempo buscando una solución, pero quizá, no la aplique.




El hecho de no tener certeza del momento en que se recuperará el ritmo de vida que llevábamos hace unos meses, genera más estrés y ansiedad. Pasamos de tener mal humor, insomnio, ansiedad y dolor de cabeza constante, a tener un desequilibrio productivo, falta de motivación y mayor cansancio. La solución para manejar (o sobrellevar) el estrés, depende de cada persona puesto que los tiempos de acción, respuesta y estímulos son distintos en cada ser.




Por Samanta García

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