Paternidades irresponsables

Hoy quiero hablar de lo incómodo y de lo penoso, de aquello que resulta difícil de decir y peor aún de reconocer, las paternidades irresponsables que se encuentran invisibles bajo el concepto de mamá luchona o de madre soltera, perdiendo de vista que se requieren dos seres humanos para procrear. Es más sencillo culpar a la mujer de estar sola en el proceso de crianza de un hijo que evidenciar el desinterés del padre.



¿Cuánto tiempo más tenemos que seguir justificando el abandono del padre a sus hijos? Parece que la condición natural de hombre lo exime de la crianza, la cual por muchos años ha sido considerada como uno de los atributos de la mujer, además de la sumisión y la abnegación a las necesidades de su pareja.



La madre soltera además de sortear con la crianza del niño tiene también que tolerar una serie de prejuicios que la señalan como una mujer incapaz de mantener a un hombre a su lado, cuando realmente es él quien decide marcharse. No obstante, se puede vivir en pareja y aun así ser madre soltera porque la responsabilidad no se sigue de vivir en pareja, sino hay un sentido de responsabilidad por parte del padre se visibiliza un fenómeno social aún más complejo, pero conveniente para la sociedad tradicional en la que vivimos.



Es más fácil, entonces aceptar a un hombre que ya tiene hijos que aceptar a una mujer con hijos de otro porque ella “viene en paquete”, cuando asumimos esto, el niño representa una carga. Asimismo, la figura de la madre soltera es estigmatizada cuando pensamos que las madres solteras son más accesibles a tener un encuentro sexual sin establecer compromiso alguno, sin embargo, el calificativo de “fácil “la separa de las otras mujeres.



Las madres solteras resultan tan incómodas a la sociedad porque son aquellas que han roto el patrón de comportamiento tradicional de crianza y dado que todo aquello que cae fuera de esto es anormal, grotesco, reprochable e indigno, como si la dignidad se midiera a través de los actos que se hacen o dejan de hacer una persona, olvidando así su valor como ser humano.



Lo sorprendente es cuando son las propias mujeres quienes cruelmente señalan a sus congéneres contribuyendo así a la legitimación de la existencia de más padres irresponsables y más cuando en muchas ocasiones reconocen a sus hijos, no se responsabilizan de ellos porque su propio círculo familiar válida su responsabilidad al culpar a otra mujer.



La figura de la madre soltera en una sociedad tan tradicional, como la mexicana, resulta tan incómoda que aunado a la estigmatización se pretende anular su existencia desde la invisibilidad. Este fenómeno social de política pública hoy en día exige la concientización y la sensibilización de un problema que nos afecta a todos, ya que de ninguna forma podemos seguir legitimando la violencia de someter a nuestras mujeres diariamente, olvidando que la crianza entraña en sí misma una complejidad tan grande que aunado a esto se vuelve insostenible.



No trato de justificar o de culpar a nadie, sino más bien de visibilizar el daño moral que hacemos a la madre soltera cuando perdemos de vista el quehacer tan loable que realizan. Este texto pretende exhortar, entonces al análisis en donde todos los prejuicios son analizados detalladamente. Se trata de romper a través de la conciencia y la sensibilidad todo este constructo violento que sigue vulnerando a la mujer desde esta trinchera discursiva, porque de ninguna forma podemos legitimar el dañar la moral del otro.



por Anayely Santiago García


Imagen tomada de Pixabay

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