Paralelos de un Jack Sparrow y su cartografía del Ron

Primer apunte para una centenaria rebeldía.


Encontrarse un tesoro en una isla desierta y que ese tesoro sean barriles de ron.

Esos destilados sueños de aventura patrocinados por Disney, transitan una simulada felicidad ebria en un galeón[1] HD que recorre el imaginario mediático ya desde hace más de quince años, el imaginario Perla negra.


Pero más allá de las bellas reproducciones antillanas se esconden significados de vida desde las superfluas frases del personaje: Un pirata ebrio, medio rasta dieciochesco y ambiguo.


Ese hedonismo a borbotones que suponen la codicia y la vida bohemia y mortal, presume una elaborada trama de vida, cuyo combustible es ese licor derivado de la melaza de caña, de alto octanaje y que patrocina bravuras traviesas de los seres de mar.

¡Menos mal está en un barco! (un barco ebrio).


Lo que supone el hermoso desgobierno que da la espada además de los trabucos alejados de la malsana influencia de las campanas y la ley policial. Es ese "todo para mí", el egoísmo mediacaña de la superioridad espirituosa de altamar.

En sí, el Ron de caña era transportado en naves y se traficaba con él, además de evitar que se consumieran altas dosis de aguas verdosas y malsanas sin tratar conservadas por meses en barriles, el ron era el trofeo de altamar, y que, en dosis exactas, podía hacer aparecer serpientes marinas monstruosas y convertir un manatí perdido en una bella y peligrosa sirena.


Claro, si se vigila desde cualquiera de las dos cubiertas o alguno de los tres mástiles por más de tres horas a 37 grados de temperatura media y con media botella hasta el anochecer, es más que probable que se cuente la historia del caribe desde aquella.


La historia del caribe sería la historia del ron.

El ron supera las murallas de la ciudad letrada y se convierte entonces en un epistemología del caribe donde las visiones coloniales se disipan entre mulatas y escorbuto, entre el mestizaje de puerto y tesoros hispanos basados en la dura codicia cartografiada entre Nueva Granada y Nueva España, estas a son de las leyes de indias. Pero ha sido quizá y más en esas épocas una práctica cognitiva la de acceder al espíritu de la bebida para contrarrestar el impacto de una vida corta y amarga y así establecer quizá el puente necesario que impulsó tal vez el pillaje la colonización y el mencionado mestizaje. Siguiendo la explicación del historiador Santiago Castro-Gómez:


"Durante todo el siglo XVII y sobre todo después de la firma del tratado de Westfalia, que dio fin en 1648 a la guerra de los treinta años, España empezó a perder el control sobre el circuito comercial del Atlántico (Arrighi, 1999: 60-62). Los comerciantes ingleses, franceses y holandeses, ayudados por corruptos funcionarios locales, consiguieron montar una extensa red de piratería y contrabando en el Caribe, de tal modo que hacia comienzos del siglo xviii los extranjeros se llevaban la mejor parte del mercado americano.


Amsterdam reemplazó a Sevilla como nuevo punto neurálgico del comercio con América y el centro de la economía internacional se desplazó desde la costa sur hacia la costa noroccidental de Europa (Wallerstein , 1980: 37). Sabiéndose en franca desventaja comercial, técnica y militar frente a sus poderosos vecinos, la dinastía de los Borbones se propuso recuperar para España la hegemonía perdida." (La hybris del punto cero : ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816) / Santiago Castro-Gómez. -- 1a ed. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2005.)



Analizar entonces la interpretación estética de filibusteros y corsarios nos lleva a pensar esta cartografía simbólica de todo lo que puede patrocinar el ron, las manos de españoles ingleses y mestizos que elaboraron los vicios contemporáneos matizados en codicia por los destilados de todas índoles, donde las cunyayas indígenas, especie de trapiches, sustituidos por estos finalmente, sacaron los jugos de melaza y su guarapo que fermentado, producían un producto embriagante, llamándose Tafia, se dice, que los piratas fueron los primeros en transportarla, y siendo sus primeros agentes comerciales.


Este Guarapo llamado también Matadiablo, otro nombre del ron (kill-devil) o gran bullicio (rumbellion) nombre de las fiestas post-asalto de los piratas, o si quiere llamarlo “Grog”, mezcla de una medida de ron con dos de agua y jugo de limón para la prevención del escorbuto entre los marinos ingleses del Almirante Edward Vernon, en el siglo XVI y la prohibición de la cerveza a bordo, pues no se conservaba bien. Su antagonista, Blas de Lezo quizá difería en su gusto por esta bebida o quizá también fue el ron el que catalizara su férrea defensa de Cartagena de Indias y llevase al Caribe y este contraste anglo-hispano a las románticas visiones de gallardías y pillajes en este repetitivo siglo XXI.


Estas combinaciones espirituosas, derivados azucarados y oscuros (porque un buen ron debe serlo) se convirtieron el principal objeto de cambio comercial de la América Antillana en los siglos XVI y XVIII, incluyendo la moneda con que se pagaran los esclavos en la Costa Occidental Africana.


Ahora, semejantes proezas de abordaje y valentones disparates armados, fueron catalizados por semejantes brebajes, o, ¿Cómo cree usted pudiese saltarse de un mástil a otro espada en mano y caer parado?. No se hace aquí una alegoría tendenciosa auspiciada por alguna casa productora (¿Por qué no se me ocurrió antes?) ni Dios quisiera una defensa a ultranza de un viejo vicio humano (¡Porque no se me ocurrió antes!).


Otrora el ron, ración marinera y actualmente trístemente utilizada en karaokes de barrio y animador de despechos asistidos por ilustres payaneses (Ron Caldas) en su denominación de origen (específicamente a uno) y preferido este en la desagradable versión andina de este néctar tropical, o el escriba aquí su historia (Carta Blanca). Téngase en cuenta que estos al preferirse debieran ser de origen costero, antillano a lo sumo. Pueden conseguirse algunos, especialmente uno vendido por un odiado almacén de cadena, altamente recomendado, aunque comprado a la vieja usanza, en grandes cantidades para llamarse “El dorado”, Demerara rum (Old Vatted Demerara), de la Guayana Británica producido en origen y presentado en una sencilla botella larga.

Bastante, barato y bueno, hasta como para brindar con Barbossa, pero con el peligro de quedar a la deriva cómo el barco que lo representa.


A pesar de esta referencia imperial, las colonias francesas tenían el monopolio casi completo de la producción de melaza para ron exportado a Nueva Inglaterra para sus casi 150 destilerías, pero a raíz de una revuelta de esclavos en 1791, Cuba, pasó a ser su refugio productor con Facundo Bacardí el hombre que refinó el fuerte ron del caribe.

De alambiques y melazas a persecuciones isla por isla, el reino picaresco y transgresor de guionistas ebrios y sus productos en visiones ingenuas de sus “economías mundo” capitalistas, no tan aptas para toda la familia, sus representaciones y la historia de la mar antillana contada desde Dreamworks.

Walt, en su otrora frío criogénico moriría por un trago doble con Deep (paralelo de Edward Vernon), o mejor aún con el sobrio Geoffrey Rush (Blas de Lezo) desde cualquier cartografía escondida de una visión colonial.


Groggy de abordo (Basado en el Grog)


· 1/2 oz de licor de menta

· 4 oz de Ron Blanco u oscuro

· Jugo de limón

· 2 cucharadas de Miel

· Azúcar al gusto

· Hielo

· Licue corto y decore con rodajas de limón agregue agua.

· Opción: un poco de pimienta negra.


Páginas sugeridas: https://rumratings.com/

http://ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libreria/157.pdf

[1] Desde principios del siglo XV el galeón es casi siempre una nave de guerra.

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