Maldito racismo


Diariamente el mundo trata de luchar contra el racismo, una epidemia que se ha transmitido generación tras generación, por medio de las ideologías conquistadoras de que existe un nivel superior dentro de la sociedad, en el cual se encontramos a quienes tienen tenga más dinero, tez clara, o bien, por la religión que profese, origen étnico, entre otras. -Una larga lista en la que se denota desprestigio de un ser humano a otro-.

Con los acontecimientos que hemos vivido en los últimos días en Estados Unidos, en donde George Floyd, un hombre afroamericano de la ciudad de Minneapolis murió a manos de la policía quienes procedieron de manera arbitraria en su detención. De la misma forma, en nuestro país Giovanni López, un joven albañil que fue asesinado por elementos de seguridad pública. Dichos acontecimientos nos demuestran que como sociedad seguimos viviendo, en cualquier parte del mundo, dentro de clasicismos que afecta gravemente nuestra convivencia, convirtiéndose en una pandemia que se transmite de generación en generación.

Recordemos que la historia mundial ha estado marcada por lamentables sucesos relacionados a este tema, así como lo fue el régimen NAZI, que aunque no es uno de los momentos más cruentos, sí es el más conocido, pues debido a la ideología, origen y religión, Hitler elaboró un plan dentro de su sociedad para eliminar a personas de origen judío, por creerlos inferiores.

Otra etapa donde el racismo y discriminación se han hecho presente, fue durante la esclavitud. La cual era parte de la vida cotidiana de la sociedad, principalmente gente de origen africano quienes eran subyugados después de que grupos europeos los conquistaron. Vendiéndolos al rededor del mundo para ser forzados a laborar con los mínimos derechos de vida, sobre una explotación desmedida, realizando trabajos que no se consideraban apropiados para personas adineradas o de tez clara, asignándoles el cuidado de la tierra, trabajo en fábricas, empleándolos como servidumbre. -Que si nos ponemos a analizar, aún se da este comportamiento en algunas regiones del mundo. Incluso a mayor escala donde sociedades de países pobres, sirven a países ricos-.

La impávida selección social en el desarrollo de muchas conquistas por naciones poderosas a través de la historia, -la del continente americano, por nombrar alguna-, que más que exploración de nuevos horizontes, se creyó a los nativos como inferiores al no tener la misma religión, ideología y un notable retraso en su civilización, en comparación a la cultura europea.


Aunque en algunos casos ,gracias a la Ley Burgos ,por ejemplo, los indígenas fueron protegidos por ser hombres libres, sin embargo, hemos sido testigos a través de la historia de la conquista cultural, ideológica y religiosa, en la que las representaciones culturales nativas se fueron perdiendo.

Ahora en todo el mundo se representa el derecho a ser libre e iguales bajo leyes de derechos humanos, empero, a estas alturas sigue siendo la sociedad el parteaguas para este odio sin control, en donde dependiendo el color de piel se cataloga a alguien como (bajo estereotipos occidentales) puro, inteligente, superior o débil, indulgente y pobre.

El humano nace por defecto en igualdad de condiciones para poder subsistir ante la voracidad de la sociedad, sin embargo, no se encuentra a la paridad de oportunidades que dan supuestas condicionantes establecidas por la economía y el orden social. Lo negro representado a lo malo y lo blanco a lo bueno, es el inicio cognitivo al que estamos dictaminados a través de la mente.

El problema del racismo es que no se pretende lograr una igualdad, si no simplemente marcar las diferencias. No se lleva a ningún consenso, es el hecho de menospreciar al otro, el de conquistar, el de someter bajo la fuerza a un individuo a quien consideramos inferior. El hombre todavía no ha sido capaz de aceptar esta multiculturalidad, ni vivir a la par y de la mano de esta. Las diferencias siguen siendo marcadas por el hombre, estamos en una constante conquista de quien es el mejor, quien merece más, quien merece menos. La naturaleza ha evolucionado a través del tiempo, pero nuestra mente, no lo ha hecho.



Por Eduardo Reyes González

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