Madeleine McCann: Un ejemplo más de cómo los medios entorpecen investigaciones

A poco más de 13 años de la desaparición de la pequeña Madeleine McCann, Netflix ha reabierto viejas heridas, al exponer las fallas en la investigación y cómo los medios de comunicación y la opinión pública jugaron un papel importante en la toma de decisiones de las autoridades portuguesas.


La desaparición de Madeleine McCann, hija de Gerry y Kate McCann, ha vuelto a tomar fuerza después del lanzamiento de la serie documental “La desaparición de Madeleine McCann”, de Netflix. La cual recopila y expone la investigación policiaca que se realizó en torno a este caso.



La pequeña Madeleine desapareció la noche del 3 de mayo de 2007, a la edad de 4 años, sus padres habían acudido a cenar a unos metros del lugar donde la pequeña y sus hermanos descansaban. A pesar de que frecuentemente se turnaban junto con un grupo de amigos para revisar a sus pequeños, la menor fue sustraída del departamento vacacional ubicado en Praia da Luz, en Portugal.


A pocas horas de darse a conocer el caso, los medios de comunicación comenzaron a llegar, al igual que muchas personas voluntarias quienes ayudaron a buscar a Madeleine, sin embargo, no hubo éxito y conforme pasaron las horas y los días se dejó al descubierto una mala preparación por parte de la policía y agencias de investigación portuguesas, pues parecían no saber qué hacer con exactitud. Por otra parte, los medios de comunicación buscaban a toda costa informar, pero no contaban con que la información proporcionada por fuentes oficiales fuera muy limitada, y en ese momento el caos comenzó.


La creatividad del ser humano no conoce límites y eso, no siempre es bueno. En este caso los medios de comunicación comenzaron a hacer suposiciones y conjeturas, los reporteros se convirtieron en los protagonistas al ser ahora ellos los entrevistados, y así fue como la policía cedió a la presión mediática.


En el documental vemos como interrogaron e intentaron inculpar a Robert Murat (un vecino que se ofreció como traductor para la familia) y en la búsqueda de esto señalaron a un joven programador que tiempo atrás había elaborado un sitio web para la empresa de Murat. Sin embargo, todo quedó en suposiciones hechas por los medios, lo lamentable es que para ese momento la búsqueda de la niña, lo cual era el verdadero foco y en lo que autoridades y medios de comunicación debían unir esfuerzos, poco a poco se fue difuminando.


El secuestro de Madeleine ya no era noticia, los medios al igual que sus espectadores necesitaban algo más. Fue entonces cuando se comenzó a señalar y juzgar a los padres (como si no fuera suficiente el encontrarse lejos de casa y de su familia, y lo más importante, sin su hija) cuestionaban su comportamiento, cuántas veces lloraban, la manera en que los padres educaban a sus hijos en Portugal vs Inglaterra, y un sinfín de comentarios sin sentido, los cuales fueron escuchados, una vez más, por las autoridades.


En el caso de Madeleine al igual que el de Paulette en México (sólo por nombrar algunos de los millones de casos de personas desaparecidas en el mundo) donde los padres o familiares buscan apoyo en los medios de comunicación para hacerse escuchar y que las autoridades hagan su labor, en varias ocasiones terminan en un desastre sin respuesta.



Cuando el periodista pierde el enfoque y permite que su ego sea quien destaque, ocurren estas situaciones. Se deja de dar importancia a lo que se necesita, se entorpece la labor de las autoridades e incluso se nubla su juicio por la presión mediática y la de la opinión pública. Un periodista tiene la responsabilidad social de dar voz a aquellos que no son escuchados, y cuando hay una vida en juego, no podemos olvidarlo.


La policía con frecuencia menciona que las primeras 72 horas tras la desaparición de un menor o cualquier persona, son cruciales, pues ese lapso puede ayudar a recuperar a la persona con vida, por ello es importante no perder el foco y como medios informar sin entorpecer las investigaciones y menos prestarnos a ser parte del circo que muchos gobiernos montan para disfrazar su ineptitud.



Lamentablemente el robo de infantes es un mal constante en el mundo, y lo peor es que no existen cifras exactas de estas desapariciones, muchos de esos pequeños no vuelven a ser vistos y nadie da respuestas.



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