México, el país más discriminatorio del mundo

En nuestro territorio nacional existe una clara y obvia separación clasista, la cual, consciente o inconscientemente, hemos fomentado en nuestro círculo social. Seamos de clase alta o clase baja, nuestro origen, color de piel, rasgos o deficiencias físicas, posición económica y formas de hablar son determinantes para ser inferiores o superiores según el escrutinio de otras personas.



Es cierto que en los momentos más trágicos de nuestra historia, los mexicanos nos hemos caracterizado por ser una sociedad solidaria y que se apoya entre sí, pero también es cierto que los mexicanos tenemos un humor jocoso y la tendencia a señalar las diferencias con otras personas a partir del modelo de perfección social que ha cultivado en nuestra cabeza lo que es ser exitoso.



Entre los parámetros que tiene el mexicano para ser exitosos están la tez blanca, la altura, los ojos claros, la cabellera espesa, el cuerpo fitness, también entran en juego tener una gran casa, autos de lujo o venir de una familia posicionada, en otras palabras: deseamos una apariencia europea.



Esto no es una exageración, nuestras redes sociales y comentarios ofensivos van encaminados hacia el indio, el gordo, el negro, el puto, la feminista o el asalariado y se maximizan en regiones del país con sus propios parámetros de división social. La discriminación también sale a relucir cuando una persona no piensa igual que nosotros, tiene otra religión, le va a un equipo de fútbol diferente, si es afín a un partido político o en el trabajo hacia los empleados con una condición inferior.



Los medios digitales y las aplicaciones fotográficas propician estas conductas con los filtros para vernos más blancos, más presentables, para que por medio de un buen encuadre podamos tapar las carencias de nuestra casa, poner cajas con marcas de ropa conocidas y vernos de “la alta”.



¿Qué pasa si le preguntamos a un mexicano sobre estas conductas? La mayoría dirá que es sólo para pasar el rato, que así se lleva con la gente, que es normal estos tipos de comentarios, que somos banda, “el que se lleva, se aguanta”. Pero cuando vamos en la calle o estamos en el supermercado y tenemos un altercado con alguien, lo primero que hacemos es ostentar nuestra posición económica, tratar de humillar al de enfrente. La discriminación es nuestra forma de defensa. En nuestra vida común, en nuestro día a día, como sociedad, no hemos sido capaces de germinar un trato justo, basta con mirar algún hilo de conversación en Twitter o Facebook para darnos cuenta que es más divertido el insulto que aceptar la opinión contraria. Como sociedad no hemos sido capaces de tomar esta información como retroalimentación y aprendizaje, sino que nos ponemos a la defensiva.



La desigualdad y discriminación hacia los indígenas, afromexicanos o migrantes del sur del país es otro tema importante y nos cuesta tanto trabajo aceptarlo, nosotros queremos ser del norte, queremos irnos al norte, no queremos ser del sur. Esto sucede en un país donde la mayoría de la población somos morenos, donde un cuarto de la población tiene raíces indígenas y hablan una lengua autóctona.



En México ser indígena es sinónimo de pobreza y una de las formas más despectivas e hirientes que tiene nuestra población. Y es que el indígena mexicano, que mayormente vive en la pobreza, no cuenta con trabajo fijo o justo, no tienen acceso a una vivienda digna y no ha tenido la posibilidad de acceder a educación de calidad. Nuestras carencias las volvemos un lastimoso insulto.



Tenemos muchas carencias económicas y sociales, pero tomar éstas como una forma de humillar, de reprimir y de rechazar, habla de una falta de moral muy alta. Es que no quiero ser jodido es uno de los argumentos implícitos, cuando lo jodido representa a una gran parte de la sociedad. No hay nada de congruencia con la imagen que muestra el mexicano cuando, ante la adversidad, suele salir adelante. Debemos dejar de promover estas prácticas discriminatorias, clasistas y racistas para cambiar nuestra vida y avanzar como sociedad.



por Eduardo Reyes González

¿Y tú que opinas de las noticias?

© 2020 The Circle Of Opinion MX; todos los derechos reservados | ventas@thecircleofopinion.com.mx |