Los mitos del éxito y la felicidad

Existen muchos mitos respecto al éxito y la felicidad, conceptos que hoy en día están más que distorsionados. Desde mi punto de vista (y no digo que sea el correcto) creo que tiene que ver con el capitalismo y la mercadotecnia, no me malinterpretes, no soy de esas personas que piensan que el dinero es la raíz de todos los males, por el contrario, creo que es de gran ayuda y le encuentro muchos beneficios al sistema capitalista, pues si entiendes las reglas del juego del dinero, las ganancias que puedes tener son prácticamente ilimitadas (una de mis grandes pasiones son las inversiones y los negocios).


Pero volviendo al punto… la parte “negativa” es que, durante años y años nos han bombardeado con infinidad de propaganda y campañas publicitarias que promueven ciertos estilos de vida, “el deber ser” de lo que se supone es “éxito y felicidad”.


¿Y qué nos muestran? Modas, lujos, viajes, belleza, cuerpos perfectos, logros académicos de las mejores escuelas, casas de lujo, autos de lujo, dinero por montones, nos seducen y nos invitan a convertirnos en “amos del universo”. Lo cual es bastante gracioso, pues estadísticamente sólo el 5% de la población mundial entra en la categoría de riqueza.


Y es que… ¿quién muestra sus fracasos? ¿quién muestra sus problemas? ¿quién muestra la otra faceta de su vida? ¿quién muestra su imperfección, sus demonios, sus miedos, sus monstruos? ¿su yo jodido?


El mundo, este mundo en el que hoy en día vivimos es demasiado ruidoso…


Jamás en la historia estuvimos tan comunicados, pero tampoco estuvimos tan desconectados de otros, de nosotros mismos.


Voltea a ver tu entorno, siempre hay gente con el teléfono en todos lados: en el cine, en los restaurantes, en la calle. La interacción humana está muriendo poco a poco y la ilusión de la “vida perfecta” y del mundo de “ensueño” cada día se hace más grande y fuerte


¿Qué crees que está viendo la gente en esas pantallitas?


La mayoría del tiempo está viendo esa ilusión y lo peor de todo es que nosotros también nos ponemos a jugar ese juego (en mayor o menor grado lo hemos hecho, por ejemplo ¿cuántas selfies te has tomado hoy?), un juego que nadie nunca va a ganar y que muchas de las veces hace sentir mal a todos los jugadores. ¿Irónico, no?


Si mal no recuerdo (puede que sí) fue el actor Will Smith quien dijo: “gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente a la que no le importamos.”


¿Y por qué no les importamos? Porque al igual que todos, están muy ocupados intentando sobresalir en el juego y si bien compiten, la verdad es que al final del día les valemos madre, así como ellos nos valen madre a nosotros.


El juego de la comparación está en su auge. ¿Quién tiene más? ¿quién es más? ¿quién tiene la mejor vida? ¿la casa más grande? ¿el auto más caro? ¿la pareja más atractiva? ¿la familia más perfecta? ¿las vacaciones más exóticas? ¿los logros más admirables? ¿el cuerpo en mejor forma? ¿el rostro más bello? Incluso se han creado “filtros de belleza” para lucir mejor. ¿Quién usa las marcas más caras? ¿quién gana más? ¿qué publicación tiene más likes y comentarios? ¿quién luce más feliz? ¿quién tiene los cientos o miles de amigos?


¿Miles de “amigos”? Jajaja qué buen chiste… Hoy en día me siento bendecido por saber que en la vida real yo tengo como 4 ó 5.


Como muchas invenciones en el pasado, pienso que la idea de las redes sociales tenía un buen propósito, pero también como muchas veces en el pasado, el propósito se distorsionó tanto que terminó en un uso no planeado ni previsto, el cual simplemente no terminó en algo bueno ni mucho menos sano.


Aclaro, no estoy diciendo que las redes son cosa del diablo (de hecho, pueden ser sumamente útiles si se les sabe utilizar), tampoco estoy sugiriendo que cierres tus redes, tires tu teléfono y vivas como un ermitaño. Simplemente escribo esto por si quieres reflexionar sobre el tema (no estás obligado) y darte cuenta de que es una fantasía, solo es una fantasía.


Creo que al final del día, muy en el fondo, todos sabemos la verdad y creo que la única diferencia reside en si al final del día la concientizamos y aceptamos o no.


Yo me puse en acción para ser parte del juego y cumplir esa fantasía. Y es bastante irónico, porque a medida que fui consiguiendo cosas bajo esa mezcla de sentimientos, la sensación de vacío fue más y más grande a medida que más y más “lograba”. Incluso llegué a pensar que todo esto de la felicidad y el éxito en verdad no existían…


Afortunadamente me di cuenta de que estaba en un error, si existen y si los podemos tener, pero no en la forma comercial en la que se nos está vendiendo ni en la forma tan distorsionada que la mayoría de las personas cree.


En mi caso, simplemente tuve que parar en seco con todo eso. Porque ya estaba hasta la madre de seguir jugando. Ya había tenido suficiente. La sensación de insatisfacción que experimenté en ese auto fue la verdad interna que sabía pero que llevaba años cubriendo y negando. “Esto no te va a hacer feliz” y si no me va a hacer feliz ¿para qué chingados seguir? ¿para qué desgastarme en vida persiguiendo una ilusión?


Así que tuve que abrir los ojos y revaluar todos los términos y creencias que tenía antes de continuar (si es que iba a continuar), porque en primera ¿continuar con qué? ¿y para qué? Es una pregunta interesante… si ya no quieres seguir jugando el juego ¿qué haces? ¿cómo es tu vida? ¿quién eres? ¿quién no eres? ¿qué haces? ¿qué no haces? ¿en qué crees?


En una sociedad en donde la conciencia es cada día algo más raro, creo que la capacidad de introspección en este tiempo, más que necesaria es simplemente vital.


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Por: José Peña S

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