Los mártires imparables de las futuras campañas publicitarias



En el alma comunitaria del mexicano promedio está plasmada la idea de sacrificarse, sea por su familia, por sus sueños, sus ideales o su propia comunidad; siempre están dispuestos a cumplir con su cometido y después erguirse frente a sus congéneres para la retribución monetaria o simplemente la distinción de entre sus iguales como mártires que lo dieron todo, como imparables.


Es de esta misma distinción de la cual se sirven las grandes empresas, en la época que corre y a la luz de una nueva área de acción que es la crisis sanitaria, para seguir rumiando la idea del sacrificio en la clase trabajadora mexicana. Y el estado de alerta que me nace se da a raíz de la saturada campaña lanzada por medios digitales de una compañía de entrega de alimento a domicilio, que pinta a quienes no se pudieron quedar en casa resguardándose del peligro acechante de la actual pandemia, debido a que necesitan salir a trabajar.


La gente que se presenta en uno de estos vídeos no está desempeñando sus labores por algún sentido heroico que los arrastra inevitablemente a no rendirse, en realidad y lamentablemente, no tienen otra salida para enfrentarse a esta crisis, pues de su desempeño en las labores depende la comida para su familia, la educación para sus hijos o que no los despojen de sus bienes por no poder pagar sus deudas.


Y es que la mano de obra mexicana se desarrolla dentro de un cúmulo de factores que influencian directamente en la dirección que su vida va a tomar; la región geográfica, el nivel socioeconómico, la situación política, el sector salud, el acceso a la educación, el indispensable estado emocional, psicológico y el muchas veces olvidado, capital cultural. Si bien, no son determinantes, por poco llegan a serlo, y eso basta para que el mexicano promedio termine ganando el salario mínimo y trabajando bajo pésimas condiciones que, si antes no lo hacían ya, ahora ponen en riesgo su propia salud, a precio de incluso llegar a perder la vida.


En el vídeo mencionado, emblema de esta campaña publicitaria y ejemplo de lo que se verá con frecuencia en este tipo de campañas mediáticas, se muestran desde repartidores de agua, despachadoras de gasolina, panaderos, farmacéuticas, bomberos, tortilleras, taxistas, y los mismos repartidores de la compañía (obvio, es marketing), donde podemos señalar que por lo menos los últimos 3 oficios mencionados y que repito, son usados en la vídeo campaña, no cuentan con las mínimas prestaciones de ley.

Es en esto último donde el peligro de una campaña que gira sobre la gente que se sigue trabajando tiene su punto de inflexión, pues catalogarnos como héroes, como imparables, apelar al sentimiento de lucha inherente del mexicano desvía la atención de las condiciones en la cuales se desempeñan los trabajos de quienes se quedan afuera, condiciones donde las medidas de seguridad pueden llegar a flaquear, y ni hablar ahora de las medidas sanitarias en plena pandemia. Situaciones diarias donde el ambiente de trabajo ahora se volvió una mezcla rara de emociones donde abunda la incertidumbre y el miedo hacia el porvenir. Desvía la atención de los factores por los cuales tal o cual trabajadora o trabajador terminaron en un empleo que ofrece esas condiciones. Prefiere no ver que en realidad, así como el sector salud del país, el sector del empleo lleno de pequeñas y medianas empresas, freelancers y mucho trabajo informal, no estaba preparado para resistir una crisis mundial de esta magnitud, y lo están pagando los ahora llamados héroes.


La tendencia de este tipo de campañas publicitarias irá a la alza y no hay que perder de vista que existe hoy en día gente sujeta a sus condiciones (y a rutinas), de las que difícilmente podrá despegarse en algún momento, gente que sucumbirá lamentablemente, gente valiente y con valor más allá de ser solo un número entre los héroes, y que se pudieron haber salvado, se pudieron evitar muchas exposiciones si las condiciones sobre las cuales se basa el desarrollo del mexicano promedio fueran distintas. No debemos restarles valor a sus labores y el esfuerzo que realizan para salir adelante, pero no podemos conformarnos con observarlos desde lejos y construirles un altar imaginario.



Por: Pedro F. Villegas.

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