Los fantasmas sí existen



El confinamiento social en el que se vive actualmente, en la mayor parte del mundo, ha generado problemas emocionales en diferentes sectores de la sociedad, como es ansiedad, depresión, obsesiones compulsivas o dilemas existenciales, que generan efectos negativos en el presente y futuro.



Una de las primeros sentimientos que experimenta la persona, es el sentido de sobreprotección, el saber que se es vulnerable a un enemigo desconocido e invisible, crea paranoias que detonan una limpieza excesiva de nuestro entorno, la sobreprotección al cuidado de nuestro círculo cercano familiar, lo cual implica un daño emocional excedente que crea un desgaste de energía, innecesario. Estas acciones no nos dejan pensar con claridad, no se llega a la reflexión, ni se contempla lo que en verdad es necesario en cada uno de los hogares.




Y posiblemente, estas conductas de sobreprotección pueden manejarse conscientemente, sin embargo, después de un tiempo, en el que la prolongación del confinamiento es inexacta, se puede distorsionar la realidad, generando que la sociedad haga alusión a un futuro incierto, desencadenando una desilusión cuando este no se concreta.


La mayoría de las personas no cuentan con la posibilidad de crear un entorno de ensueño en el que el confinamiento pueda ser llevadero. Y es aquí donde los medios de comunicación y redes sociales nos venden una imagen muy diferente a lo que se vive en el seno de los hogares. Vemos día a día videos y fotos de famosos con el lema: “Quédate en casa” (Stay Home), donde desde la comodidad de grandes mansiones, con lujos extravagantes, nos invitan a estar en cuarentena, arropados, haciendo ejercicio, comiendo sano, creando proyectos productivos para la familia, como suele pasar en la televisión, nos venden el derecho a tener una vida familiar y confinamiento saludable, lamentablemente, la mayoría de la población no tiene estas posibilidades.


Más de 12 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, sin servicios, sin un sustento económico, viviendo día a día, no pueden detenerse a crear un hogar de ensueño cuando no tienen con qué alimentarse el día de hoy. Se suman a este número, los miles de mexicanos que terminarán sin un trabajo y sin un sustento económico durante los próximos meses.



El hambre, la pobreza, la incertidumbre, el vacío emocional, la impotencia, la falta de libertad, también son fantasmas que rondan la cabeza de millones de personas alrededor del mundo, al no tener una certeza clara de lo que les depara el destino.



Se ha vivido un crecimiento exponencial en problemas familiares que ahora se han agudizado más, como es el caso de la violencia que viven las mujeres dentro del hogar, los conflictos entre padres e hijos adolescentes se empeoran al no tener estos últimos, formas de desahogar sus emociones y energías. El redescubrimiento familiar, es también, un golpe bajo en donde cada uno de los integrantes esté forzado a convivir con sus allegados, exponiendo sus miedos y debilidades, se vuelve una familia vulnerable si no se maneja adecuadamente.



Otros son los privilegiados, sin culpa de los acontecimientos actuales, son aquellos que no perdieron su empleo o tienen una solvencia económica estable, quienes han tenido una sobreexposición de actividades que se pueden realizar para llenar el vacío que representa el no tener libertad, ya sea tomando algún curso en línea para ser más productivo, aprender algo nuevo, hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, emprender un negocio, cualquier cosa que nos conecte con la libertad, con el entorno exterior, así de improcedente es la conducta humana, sucumbiendo a patrones sociales de lo que debes de ser, el impulso a crearte una vida digna, dejar los instintos primarios de alimentación y sobrevivencia, tienes que ser alguien en esta vida.


La sociedad no estaba preparada para esto, como parafraseó Napoleón Bonaparte: “Aquel que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, y es que en el siglo pasado, ya se vivieron dos pandemias, aunque con mayores repercusiones, pero nunca se pensó en los factores emocionales que estos pudieran llevar, o nadie se puso a cavilar en los problemas que estos conllevarían en su vida cotidiana, lo estamos viviendo como si fuera un nuevo acontecimiento.



Nada en esta época nos había puesto un alto tan definitivo, ningún factor humano había sido lo demasiado fuerte para obligarnos a realizar una introspección como esta, en la que nuestros fantasmas fueran parte de nuestro entorno tan cotidianamente y que tuviéramos que lidiar con ellos. Y esta falta de libertad nos lleva a descubrir nuestro interior, regar con amargura los miedos infantiles, replantear la existencia y nuestro futuro cercano, ampliar el horizonte para encontrar nuevos caminos que antes temíamos caminar.



Estamos frente a la invaluable oportunidad de tomar valor y mirarse al espejo, reflejar un verdadero yo sin máscaras, un yo sin fantasmas.



Por Eduardo Reyes

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