Las hogueras no se fueron para los naturalistas


Aquel que conozca un poco de la historia de la ciencia sabe que durante el oscurantismo también se generaron conocimientos casi científicos, sobre todo en el área de la botánica. Cuando la inquisición se levantó acusando a inocentes de brujerías, se fijaban específicamente en mujeres que tenían conocimientos en dicha área: hierbas para curar los cólicos, aliviar el dolor de estómago, tratar heridas y demás. Y aunque es conocido de manera general que la inquisición se especializaba en eliminar mujeres, también se encargó de lo propio con hombres, científicos que se atrevían a pensar de manera diferente a lo que decía la dominante Iglesia Católica.



Personalmente nunca he logrado entender por qué la iglesia católica temía de aquel conocimiento. Se me hace tan incompatible la idea de que Dios no nos pueda iluminar con comprensión de nuestro mundo que en toda mi vida llegué a sentir cierto conflicto, porque mi fe en un Ser Supremo es grande, pero también lo es mi amor por la ciencia, por el conocimiento. Me gusta aprender cosas, y me conforta la idea de una deidad suprema.



Y aunque aún no entiendo ese miedo o qué lo motiva, si veo como se disemina. No solo el amor es un sentimiento que cuando se divide crece, también lo es el odio y el miedo.



Hace un par de años leí por primera vez la nota del medio Excelsior titulada: “Mexicanos creen más en amuletos que en la ciencia”, en el que el introito es el poco digerible dato de que en nuestro país, el 72.24% de los mexicanos cree más en la magia que en la ciencia, y que la gran mayoría de ellos cree que somos peligrosos, por tener información y conocimiento. No sé si estoy dándome a entender, pero les repetiré lo que me alarmó: P-E-L-I-G-R-O-S-O-S.



Si bien tenemos conocimiento de cosas que pueden ser usadas como armas, también tenemos una formación humana, y en general un compromiso con nuestras comunidades. Lo explicaré parafraseando al doctor Ian Malcolm, personaje ficticio de la novela Jurassic Park de Michael Crichton: un karateka no entra en cólera y decide matar a su esposa en una pelea conyugal. Para el momento en que un karateka tiene la posibilidad de matar a alguien con sus manos, también tiene una serie de conocimientos que vienen con el sacrificio de obtenerlo. Nos hacen humanos antes de entregarnos poder. Que mi país piense que mis colegas y yo somos entes peligrosos es algo que me revuelve el estómago del asco.



Y esta introducción fue porque el lunes, mientras me encontraba en mi desayuno, mi pareja me comentó que en una comunidad maya en el municipio de San Luis Petén en nuestro país hermano Guatemala, habían quemado a un experto en medicina natural, de nombre Domingo Choc, acusándolo de haber embrujado a un vecino de la región. Por si quedan dudas, la población en la que Domingo se encontraba lo atacó, lo secuestró, lo torturó, y le prendieron fuego, dejando que lo consumiera. No puedo escribir esto sin tener asco y ganas de llorar.



A raíz de este suceso, y como exigencia del esclarecimiento de los hechos y la búsqueda de justicia, un grupo de guías espirituales hizo una ceremonia maya frente al palacio nacional de Guatemala para exigir la tolerancia religiosa. No solo era científico, era un científico con un profundo sentido espiritual, que hacía de guía entre su comunidad y buscaba acreditar el conocimiento de la medicina natural maya. Esta ciencia tiene un nombre, y se llama “productos naturales”, que si bien tiene fundamento en los conocimientos antiguos de plantas y otros ingredientes que tienen funciones medicinales, también está fundamentado en el método científico, por lo que Domingo era un científico.



Es triste pensar que aún hay comunidades donde la intolerancia religiosa permea tanto en la psique de los ciudadanos, al grado de creer que un investigador y guía era capaz de hacer daño a alguien con magia. Es triste pensar que hay gente dispuesta a matar a quien solo quiere llevar bienestar a la población, y el enaltecimiento de las tradiciones de la región, la recuperación del conocimiento ancestral para mantener la identidad de los pueblos.



Domingo, no sabes cómo lamento lo que te sucedió, como me golpeó esta injusticia. No solo eras un gran ser humano, sino un gran científico cuyo trabajo estaba llevándose a cabo con la universidad de Guatemala en colaboración de instituciones de Suiza e Inglaterra.



Era alguien grande, alguien inocente y comprometido con su sociedad. Debemos asegurarnos de que esta clase de discriminaciones no vuelvan a suceder. ¿Qué clase de pueblo somos si eliminamos a aquellos que más hacen por la comunidad? ¿Con que cara vamos a ver a nuestros países y tradiciones diciéndoles que eliminamos lo mejor de ellas?

Es horrible saber que, para el día de hoy, las hogueras siguen encendidas, con la misma rabia, y mucho fuego pidiendo por nuestros cuerpos y almas en sacrificio.


Por Circe C. Hernández-Espino


Imagen por PIXABAY


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