La muerte del PIB ¿innovación u ocurrencia?

Una de las noticias que causaron más ruido durante el ocaso de la semana pasada, fue el anuncio del presidente López Obrador, sobre estar preparando un “índice alternativo” al producto interno bruto (PIB), para crear un “nuevo paradigma” que no sólo mida el crecimiento económico, sino que integre al desarrollo, la desigualdad y la felicidad de los ciudadanos en un sólo índice de medición .


Como suele suceder con este tipo de declaraciones, se generaron opiniones encontradas directamente proporcionales a la aversión o atracción subjetivas que provoca la figura presidencial; pero olvidándonos de la personalidad del presidente, vale la pena preguntarnos qué tan pertinente, innovador u ocurrente resulta este “nuevo paradigma”.

Podemos comenzar diciendo que no tiene mucho de innovador, pues el primer país que desplazó al PIB a segundo término, y buscó parámetros más cualitativos para sustituirlo, fue el Reino de Bután; un pequeño país asiático enclavado en la cordillera del Himalaya, en donde su rey acuñó el término de “Felicidad Interna Bruta” a principios de los años setenta.


Cabe señalar que en el Reino de Bután, una abrumadora mayoría de personas profesan la filosofía budista, y es en gran parte esta filosofía, la que los llevó a convertir en política de gobierno, el principio fundamental del budismo que alega que todas las criaturas vivas persiguen la felicidad.


Para entender el concepto que crearon en Bután para medir la felicidad bruta de su población, hace falta conocer los pilares sobre los que se sostiene este concepto, y que son considerados el punto de partida para cualquier política de su gobierno:

1. Desarrollo económico sostenible y equitativo.

2. Preservación y promoción de la cultura.

3. Conservación del medio ambiente.

4. Buen gobierno.

De estas cuatro líneas principales, se desprenden 9 dimensiones sobre las que se les pregunta a los ciudadanos qué nivel poseen en cada una, y el resultado se traduce en función de la suficiencia de estas dimensiones que los ciudadanos dicen tener; así pues, las dimensiones que miden la felicidad interna bruta en Bután, son:

1. Bienestar psicológico.

2. Uso del tiempo

3. Vitalidad de la comunidad.

4. Cultura.

5. Salud.

6. Educación.

7. Diversidad medioambiental.

8. Nivel de vida.

9. Gobierno.

Tomando como ejemplo a Bután, la ONU consideró que el crecimiento de la riqueza económica por sí mismo, no era suficiente para lograr ciudadanos felices, y determinó diecisiete objetivos de desarrollo sostenible que enmarcan los criterios de desarrollo y felicidad mundial. Así, la ONU comenzó en 2012, a medir y publicar cada año el índice de felicidad mundial, encuestando a ciudadanos en 156 países.

En todo el mundo, todavía se debate sobre si la felicidad se puede convertir en un parámetro universal, o si tratar de medirla, no es otra cosa que generalizar o subjetivizar las preferencias y percepciones de los individuos. Este debate, no deja de ser trascendental y fundamental para las sociedades contemporáneas, sin embargo es tan amplio que no es oportuno profundizar en ello en este espacio.


Lo que sí podemos inferir, es que la idea de medir el desarrollo de la sociedad bajo parámetros más holísticos que el simple crecimiento económico, no es ni una ocurrencia, ni un tema innovador, sino una tendencia que lleva casi medio siglo desarrollándose y que responde a las crisis, problemas y colapsos que han surgido en el intento de implantar modelos económicos de tinte socialista y de capitalismo depredador.

Es muy importante también, diferenciar entre la tendencia mundial de alcanzar criterios de medición del desarrollo más integrales, y los casos en que esta idea se utiliza (aparentemente) como una post verdad para distraer la atención en escenarios de desplome en la generación de riqueza, inversión y desarrollo social en las naciones; o como escape para evadir la sentencia de gobiernos o sistemas económico-sociales fallidos, que no han sabido responder a las demandas y necesidades de sus ciudadanos.

Es fundamental tener claro, que todos los parámetros que hasta ahora se han aceptado como índices del desarrollo y la felicidad de los ciudadanos, no eliminan a la generación de riqueza como indicador, sino que le quitan a esta el papel principal, lo toman en cuenta, y lo complementan con otro tipo de criterios más cualitativos. Ojalá no olvidemos esto, a la hora de calificar la pertinencia y utilidad del parámetro anunciado por el gobierno mexicano y que seguramente estaremos conociendo en los próximos días.


Por Marco Contreras

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