LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS

Todos los días mientras manejo de ida o vuelta observo esta lucha sucederse ante mis ojos y me preocupan las futuras posibles consecuencias.

Primero tendría que explicar que me enseñaron a ser considerada con el prójimo, a respetar y valorar la naturaleza, a observar, a mirar a ambos lados de la calle, a ser precavida y tal vez por eso que no entiendo porque esta lucha parece estarse perdiendo.

Cuando veo a niños sentados en la piernas de un conductor de auto en movimiento inevitablemente me pregunto ¿qué no saben o se imaginan lo peligroso que es salir disparado, incluso a 40 kmh? ¿No saben que un niño menor de 12 años no puede ir sentado adelante o brincando atrás sin cinturón?

Es como si quisieran tentar a la suerte de que los accidentes no ocurren en esta ciudad.

¡Ni se diga los motociclistas! He visto a niños de kínder ir en moto a la escuela, ¿será por prisa que trepan a un niño? ¿Con tal de que el papá ayude es necesario correr esos riesgos? ¿Será que no pueden ir en auto, microbús o caminando? ¿Por qué jalonearán a los niños en lugar de ir a su paso? ¿Por qué no van despacio oyendo todo lo que dicen, recogiendo todas las piedras y flores del camino? ¿No sabrán que sólo son niños 12 o 15 años? ¿Que habrá mucho tiempo para que vivan aprisa? ¿Por qué no los cargan al cruzar la calle para evitar el peligro de los ciclistas, microbuseros y motociclistas?

Veo a los peatones atravesar a media calle y me pregunto por su sentido de supervivencia, a los ciclistas que creen que es más fácil detener una tonelada de auto que su cuerpo de 90 kilos, ¿por qué no usan el sentido común para vivir más allá de la estricta visión del respeto a los reglamentos de vialidad que tienen?

Es como si no tener un accidente fatal fuera justificación para actuar imprudentemente.

No lo entiendo, hay cosas que no se pueden dejar al azar.

No sé quién educó a los que tiran basura en la calle y no piensan todas las nefastas consecuencias para la salud de todos.

No alcanzo a entender a los que talan árboles y ponen cemento para que quepan sus autos en los estacionamientos, es como si nunca se hubieran quemado las manos con un volante ardiendo, como si nunca hubieran buscado una sombra para esperar a alguien y poder soportarlo.

Tal vez alguna vez haya corrido a la banqueta dejando a un niño esperando en el carro, tal vez sólo recuerdo lo bueno que hice cuando eran pequeños, iba a todos lados con los 4, al supermercado, a Karate, a las ceremonias de la escuela, a las fiestas, a las misas, en las fiestas era de las que no les quitaba el ojo, su seguridad ha sido mi prioridad.

Siento que muchas personas han olvidado cuestionarse y tener sentido común, para creer que porque una persona o reglamento dice algo ésto se cumplirá. Es como si buscaran morir.

Lo que nos separa de los changos es el intelecto pero es el instinto de supervivencia el que nos va a permitir seguir viviendo.

Diría la amiga de mi abuela, “Chayo ¿cuántos se morirán y cuántos nos quedaremos?”

si perdemos la batalla.   


K.

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