La lucha contra la industria pornográfica

El consumo de pornografía ha ido en incremento gracias a la facilidad con la que, en cualquier dispositivo con conexión a Internet, se puede acceder a ella. La popularidad de los sitios pornográficos es un claro ejemplo de esto y de su inclusión en la cultura popular de adolescentes, jóvenes adultos y adultos mayores. Pero ¿es esto favorable para los consumidores y sus estrellas?


El debate en contra y a favor de esta industria ha sido una constante interminable. Constante que, en nuestros días, ha dado mucho de qué hablar después de los testigos de varias actrices, que han alzado la voz en contra del maltrato y abuso al que fueron sometidas durante su desempeño dentro de la industria.


A esto se suma la creciente demanda en contra de la famosa página porno Pornhub por albergar videos de violaciones, pornografía infantil, entre otros (página que se ha mostrado negligente ante las peticiones por parte de las víctimas para eliminar los videos) junto a los varios estudios que han demostrado que la pornografía juega un papel importante durante el crecimiento de los adolescentes y la creación de un criterio personal. Empezando por varios de los estándares de belleza; la distorsión de lo que se considera como un cuerpo atractivo, así como la exageración del acto sexual, pueden afectar la manera en la que estos adolescentes comienzan a desenvolverse en su vida sexual. La industria pornográfica ha sido cuestionada por sus valores éticos, dejando varias interrogantes que necesitan ser desarrolladas y resueltas en pro de las víctimas.


Por ejemplo, ¿es posible un mundo sin esta industria? La respuesta, basándonos estrictamente en la historia de la pornografía, es no. Los humanos siempre buscan demostrar los acontecimientos y actos que observan en su vida, siendo la sexualidad uno de los tantos temas que siempre se han visto desarrollados, desde la literatura y la pintura como expresión artística (que era principalmente un estilo erótico, muy alejado de lo que conocemos hoy como pornografía), hasta las películas y videos que, en nuestra época, abundan en Internet. También es sabido que, aquello que es suprimido por leyes busca la manera de seguir siendo comercializado; en el caso de la pornografía, el prohibirla dejaría más expuestas a sus actrices (quienes, siendo parte de esta industria legal, han denunciado actos de violaciones, abusos físicos y psicológicos) y abriría un camino, más amplio del que ya tiene, al tráfico de personas y la inclusión de menores en sus videos.


Pero si esta industria no pude desaparecer de la faz de la tierra y suprimirla acrecentaría los actos delictivos que ocurren dentro de ella, entonces ¿qué podemos hacer?


Lo que siempre hemos hecho como humanos ante la concientización de actos de injusticia, crear una revolución. Ser conscientes del daño que esta industria ha generado y empatizar con las víctimas, para poder desarrollar un criterio propio y eliminar todas las acciones que puedan apoyar las injusticias, ejercidas por la pornografía.



Tal vez, nosotros al no ser parte “activa” dentro de la industria, no creemos poder ser capaces de influir en ella o, peor aún, tendemos a no prestar atención a la lucha que existe en su contra. Pero, dejándola de consumir, dejando de entrar a sitios que llenan sus bolsillos con videos de abuso, pornografía infantil o de reproducir videos de casas productoras denunciadas por sus actrices; la industria va a tener que empezar a prestarle atención a las demandas que enfrentan, como a los términos a los que se tendría que adjudicar en pro de una creación de ambiente sano para sus estrellas y un aumento en los filtros para que un video pueda ser publicado, evitando el consumo, ganancia y la facilidad de acceso que se tiene a contenidos de violación, abuso infantil y denigración de la mujer.


Gracias a las luchas ejercidas por exactrices del porno como Mia Khalifa y Nikki Benz, las mujeres que han dedicado parte de su vida a la pornografía, comenzaron a alzar la voz. Violaciones ocurridas en el set de grabación, violencia extrema, junto al estrés postraumático o abuso de sustancias para poder llevar esta vida y realizar las escenas, son algunas de las varias experiencias que toda actriz porno ha vivido; experiencias que no se habían atrevido a compartir por la poca importancia que le han prestado jueces y el público en general.


Por otra parte, las víctimas de actos lascivos, en las que se incluyen violaciones en grupo, explotación sexual infantil, tortura, entre otros, cuyos videos permanecen en “Pornhub” (la página porno más popular y con mayor número de reproducciones); han dado testimonio acerca de la negativa por parte de la página para eliminar sus videos. Gracias a la propagación de estos testigos, se han creado movimientos como “Traffickinghub”, que buscan firmas en pro de la eliminación de la página y de que esta acepte su papel dentro del tráfico de pornografía ilegal dentro de sus videos.


Si nos cuestionamos lo que vemos en pantalla al reproducir un video porno “mainstream”, y observamos la violencia ejercida por parte de los actores, así como las falsas expectativas que se tienen del cuerpo, del tamaño de los genitales y la excesiva muestra de placer hacía el hombre, que deja atrás a la mujer, a quienes, en estos videos, se les ve como objetos; mejorará nuestra manera de percibir las relaciones sexuales, aceptando los cuerpos que tenemos y el compartirlos con quien queramos, cuando queramos. Cambiando, también, nuestra percepción del rol de géneros dentro de nuestras relaciones personales.


Prestemos atención a las luchas que en nuestra época surgen, porque siendo parte de ellas, la sociedad y el bienestar comunal están a un paso más cerca.



por Nicolás Cristóbal

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