La agonía de Proteo



Un libro que, a pesar de tratar diversos temas, los ejes principales que trata su autor, Eduardo Nicol, son el hombre y la antropología filosófica, la cual abarca desde la dificultad para establecer una definición de lo que es el hombre y por ende una inconstancia en el humano mismo.


Como bien lo menciona el autor, este no es un texto o discurso propiamente científico, -esto con motivo de las múltiples alegorías, metáforas, alusiones parabólicas y símbolos mitológicos de los cuales hace uso-, pero con el pertinente argumento de la constancia, la ciencia no es la única vía que podemos seguir para llegar a una comprensión de nuestro propio ser cambiante o mudadizo. Señala, el hombre es un ser inconstante: Su naturaleza es una forma que se transforma de manera continua.


El tratar de comprender al humano resulta en extremo complejo porque este presenta pocas regularidades, enfrentándonos al problema de establecer algo acerca del hombre, puesto que no podemos determinar nada en él y si lo hiciéramos ya no se estaría proponiendo un estudio del hombre, sería el estudio de una "característica del hombre", cualquiera que esta fuera, lo cual no engloban todas las posibles dimensiones de la humanidad.


El árbol cambia, desde que es sembrado, de manera previsible y básicamente igual para los ejemplares propios de su especie, efectivamente puede haber particularidades dentro del proceso desde donde se siembra dicho árbol, el crecimiento e incluso se puede tener en cuenta las contingencias climáticas del entorno; pero el árbol, la composición del tronco o el fruto ¡No cambian! Se pueden extrapolar las posibles variables y árbol sigue siendo un árbol; después designamos con la noción de especie esa comunidad de varias unidades en la constancia del ser (en este caso árbol) y el cambiar.


Entonces, para Nicol la humanidad no es propiamente una especie. El cambio del ser humano es imprevisible, porque consiste en una renovación y dicha renovación se produce en cada paso por una decisión deliberada de este ser, la suya es una forma que se transforma y renueva con lo cual no podemos determinar de ningún modo, ni siquiera aun la genética.


Así, el análisis histórico y social permiten anticipar el desenvolvimiento de un individuo humano cuando, por así decirlo, queda sembrado en un espacio, tiempo mundano. Aún más lejano es la preservación de la evolución del mundo, esto es, lo que ya sucedió en otros individuos o comunidades de ninguna manera sirve como base de cálculo para decir con seguridad científica que ese, y sólo ese, es el proceso de formación que siguen los individuos cuando ocurre alguna situación que ya se ha presentado con anterioridad en algún otro espacio, tiempo o cultura. Esto nos lleva a concluir que el humano es un "ser proteico", se encuentra en continua renovación de sí mismo y la formación del individuo en un mundo determinado será distinta de las de otros individuos que se han desarrollado y formado; cada hombre experimenta un mundo diferente; en las primeras páginas del libro se nos marca:



“Todo lo que es tiene forma. Por su forma conocemos cada cosa. La forma es la constancia del ser. Pero el hombre es un ser inconstante. El hombre tiene una forma que se transforma.”



Discernir entre conceptos y discursos es tarea propuesta para alcanzar la forma aparente y cambiante que caracteriza al ser no del dios sino del hombre. El fenómeno mítico y el fenómeno de lo humano se presentan en esa forma que aparece, y debido a su apariencia es que se puede hablar de la afinidad del ser proteico con el ser del hombre. Uno alumbra al otro, de la manera en que el primero da cuenta de cómo cambia el ser del segundo. La forma es una constancia y una presencia del ser (y se diferencía de la figura porque esta tiene por definición un carácter de aspecto, de "revestimiento visible de la forma", en otras palabras, la forma no requiere de revestimientos). En este sentido, la figura es prescindible porque la forma está ya a la vista, y por la forma se conoce lo que es, sin embargo, no es posible dar razón del ser proteico del humano a partir de la colección sus formas sino a través de algo más fundamental. “Decimos que el hombre es proteico porque cambia de forma; es proteico, sobre todo, porque cada hombre tiene su propia forma de cambiar”.


Para el autor la forma del hombre se transforma en el discurrir del tiempo; por lo tanto, es temporal y pasajera, pero esto no impide que muestre el ser de lo humano como es. La forma no es una estructura inamovible que ofrezca de una vez por todas, un conocimiento ontológico del hombre, sino que es un proceso cuyo conocimiento se da en el tiempo. En esto radica la que podríamos decir es la única regularidad del humano y es su continua transformación, siendo la inconstancia formal un argumento no informal, de ahí parte lo que se puede llegar a conocer del humano y puesto en palabras de Nicol, lo que se puede decir de este ser proteico. Ser humano es ser distinto.


Pero el mundo también es inconstante, entendido el mundo como obra humana, es decir, que el humano es su propia obra y se construye con sus decisiones, nacer en el mundo para este ser proteico, es venir como un ser formalmente completo, para instalarse en un edificio concluido; lo cual no dice que el humano biológicamente constituido, llega a instaurarse en un tiempo y culturas determinados incluso antes de su parto.



Podríamos decir que el hombre es un ser inacabado, pero no por ello incompleto ya que como organismo está completo y este ya nace en un lugar determinado, pero la forma en que experimenta el mundo lo va transformando, su entereza actual no es definitiva. Y de esta manera como el hombre se renueva constantemente en este continuo transformar y completar, primero el hombre tendría que perecer. En este momento nos encontramos de nueva cuenta con la figura proteica. El humano muere y se renueva de manera interminable pero se encuentra atado con cadenas al mundo al igual que Proteo al que podríamos tacharle de un destino triste y miserable, sin embargo estos adjetivos sólo tienen el semblante; ya que, aunque sufre por su condición, no se limita a ello, también se alegra de su sempiterna renovación.



Comentario:

Ciertamente, no es un libro riguroso como se suele esperar de otras obras de este autor, nos deja entrever una nueva manera de apreciar y conocer al hombre y de esta forma brinda más herramientas para acercarnos, aunque sea un paso a lo que somos y con ello cumplir con la primera manda filosófica: Conócete a ti mismo.

Este es un libro que recomiendo plenamente para todos aquellos que busquen una introducción profunda a la agonía de ser humano.



Por Minerva MR



Autor:Eduardo Nicol

Publicación:05/2016

Libro: La Agonía de Proteo

Editorial: Herder México

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