Junio: Mes de los sobrevivientes de cáncer



Tal vez has conocido a alguna persona que está en la lucha contra el cáncer. Hay muchos que desconocen cómo es vivir con alguien que fue diagnosticado, en Estados Unidos, desde 1988, se celebra anualmente el primer domingo del mes de junio el “National Cancer Survivor Day”, la finalidad, es reclamar más atención y medios para el cuidado de las personas afectadas por cáncer una vez finalizado el tratamiento oncológico. Además de dar a conocer las necesidades reales de una persona en esta situación, así como de quienes le rodean ya que son el apoyo principal.


Pocos nos atrevemos a hablar de las situaciones que se atraviesan al tener esta enfermedad o estar cerca de alguien que la padece. Cuando se habla de cualquier tipo de cáncer, el primer pensamiento que se nos viene a la mente es de muerte, tal vez, la razón es porque esta es la tercera causa de muerte a nivel mundial, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que, actualmente, al menos 32.6 millones de personas han podido sobrevivir a esta enfermedad.


Nuevos panoramas


La visión que se tiene del cáncer suele estar relacionada con dolor, aislamiento y pérdida de cabello. Se cree que el rechazo será la primera respuesta de la sociedad hacia quien lo padece, pero no siempre es así, la familia puede recibir consuelo y apoyo, para que ellos como el paciente puedan salir adelante.


Al estar con quienes enfrentan esta enfermedad, debes saber que no todo es malo, para la mayoría de las personas es una segunda oportunidad de vida; de hacer lo que siempre les dio miedo; de amar, perdonar y permanecer en un sentimiento de gratitud, ahora que los días aparentemente se ven contados.


Mientras el tiempo avanza, el cuerpo comienza a perder fuerza más rápidamente y a marcar su propio tiempo, pues no es sencillo cargar con esa enfermedad, y tener una angustia constante donde es frecuente el pensamiento de no abandonar a su familia o ver cómo la gente que más les quiere está sufriendo; porque aunque nosotros no lo vivamos en carne propia, entramos en un estado de estrés y preocupación por realizar la rutina diaria con medicamentos y diferentes tratamientos, pues se buscan todas las soluciones para que nuestro ser querido pueda sentirse mejor.


Es difícil entender cuando nunca se ha vivido con alguien en tal situación, por eso me gustaría compartirte la experiencia que viví en mi familia. Hablo de mi abuelita, quien aún vive en nuestra memoria.


En memoria de la Luz de mi vida


Hace ya poco más de 3 años, en enero, mi abuela comenzó con dolores fuertes en el estómago, le diagnosticaron gastro-colitis en su primer chequeo general, a partir de dicho diagnóstico (diagnóstico equivocado, por cierto), ella buscó tratamientos alternativos que evitaran la dependencia a ciertos medicamentos, los cuales podrían empeorar el estado de su estómago.


Continuó con la idea errónea de gastro-colitis hasta que, en un par de meses después, y habiendo realizado otros estudios, los médicos dieron la noticia de que había cáncer en su cuerpo, el cual se encontraba en etapa avanzada (el cáncer de ovario suele ser detectado cuando ya ha llegado a fase terminal). En ese momento, las soluciones se volvieron pocas. Aún recuerdo cuando llegó a casa. Lloró por horas en la cochera, sin bajar del auto, hasta que mi mamá habló con ella.


Y a pesar del diagnóstico confirmado, mi abuela siguió con tratamientos especiales; cuidó al máximo de su cuerpo y salud.


Al inicio, mi hermana y yo éramos quienes más tiempo pasábamos con ella, le ayudábamos en todo lo que estuviera a nuestro alcance, establecimos fechas y horarios para atenderla junto con toda mi familia. Así comenzamos con una nueva rutina.


Con el pasar los meses, se sentía cómo la enfermedad avanzaba; surgió una oportunidad de extraer el tumor, y posterior a esto, se cambiaron hábitos en casa. Mi mamá comenzó a dormir en la misma cama que ella, y yo tuve que regresar a la mía (aunque ya me había acostumbrado a dormir con ella y a leer la Biblia antes de dormir).


Seguía ayudando en todo. Nos uníamos a orar como familia; realizamos ayunos; convivimos el mayor tiempo posible, y comenzó a incrementar el tiempo de calidad entre nosotros.


Cada que se quejaba del dolor, evitaba escucharla, pues me dolía oírla. Aun así, seguí a su lado; sobando sus pies o haciendo cualquier otra cosa que pidiera, hasta algo tan sencillo como ponerle una película. Ella siempre estuvo al pendiente de mí, ahora era mi turno.


Sólo 5 meses después de la noticia, llegó el día de su cumpleaños. Fue la fecha más especial que tuvimos como familia. Se recibieron visitas y fue la despedida definitiva solicitada por ella, -- Su cuerpo parecía no aguantar más dolor--. No lo sabíamos, pero ella ya tenía planeado cada detalle de su funeral.


Tres días después de su cumpleaños, en mis sueños escuchaba cómo la puerta de la casa se abría y cerraba, había muchas voces al mismo tiempo. Se escuchaban gritos, -- los mismos que me despertaron--, me pareció extraño, porque ella no toleraba ruidos ni aromas fuertes.


Al salir del cuarto junto a mi hermana, vi como uno de mis tíos, chocó con el portón de la casa. Decidí ir directo al cuarto de mi abuela. Su colchón ya no estaba, ese cuarto volvió a tener luz, pues todas las puertas y ventanas se habían cerrado, ya que a mi abuela le lastimaba la luz.


Cuando me reuní con mi familia me dijeron que se había ido. Me levanté tan rápido que mi cerebro no entendía la noticia, parecía mentira, hasta que simplemente reaccioné y supe que una gran persona con la que viví tanto tiempo, a quién en verdad amaba, y me recibió cuando nací, ya no estaría conmigo. Lloré mucho; me sentía mal, volteaba al cielo y hablaba como si tuviera una conversación con ella, o simplemente le hablaba en mi mente, deseaba abrazarla una última vez. Después de eso hubo veces en las que me era imposible dormir o dejar de llorar, porque era parte importante en mi vida. Me resultaba doloroso el ya no escuchar ni sus regaños.


Sin embargo, seguimos vivos



Con el paso del tiempo, tuvimos que entender que la muerte no es mala, es algo por lo que todos pasaremos, es natural y no tiene que ser mal vista ni ser el mayor miedo de las personas. Se obtiene el descanso, una nueva salud, ya no se sufre. Ella ya no carga con dolores ni sentimientos de estrés por sus nietas, porque ahora la dejamos descansar, pero no dejamos de recordarla con tanto cariño como todo el que le pudimos dar en vida.


Meses antes, la pareja de mi mamá también había muerto de metástasis, con un cáncer inicial de piel. A pesar de vivir dos muertes seguidas, no podíamos dejarnos caer; aunque el dolor era profundo, la familia seguía de pie y no podíamos dejar a un lado los nuevos hábitos que creamos en un doloroso momento.


Hoy los recordamos como las mejores personas que fueron en vida, de quienes aprendimos la mejor lección: Nunca dejar de luchar. Así como quienes pudieron vencer a esta enfermedad.



Por: Jesimiel Nieves

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