¡Hoy cumplo 30 años!


Honestamente no sabía cómo empezar a escribir sobre esto, el cliché de cumplir treinta y sentir que voy tarde en la vida se me hizo realidad. He pensado mucho en el pasado en estos días, me veo diez años atrás con las pocas preocupaciones que un muchacho podía tener y emocionado por cumplir veinte, me estaba convirtiendo en un adulto al que le esperaban un montón de aventuras inimaginables; y bueno, mucho de eso fue cierto, pero no como lo imaginaba...



En el pasado, las personas a mi alrededor me preguntaban constantemente sobre mi futuro, que planeaba estudiar, dónde, que si ya tenía novia, que cuántos hijos quería tener, que si me interesaba viajar e infinidad de cuestionamientos que jamás hubieran llegado a mi cabeza de otra forma; pero los aceptas, te sientes adulto y te gusta esa sensación de vivir, de ser parte del mundo o de alguna manera pensar que este es el sentido de la vida, ¡Crecer! 



No sé mucho sobre ser un adulto, aún en este día me siento un adolescente, de esos que se preocupan por cómo se ven y lo que piensan los demás sobre mí; hay días que yo mismo me juzgo por la vida que elegí, no tengo un trabajo estable, aún no me caso y tampoco he tenido hijos.



Me abruma pensar que mi padre, a mi edad, tenía la vida hecha con propiedades, trabajo seguro, esposa e hijos; sé que los tiempos cambiaron pero cuando era un niño y empezaba a diseñar mi vida esos objetivos aún eran vigentes. Tengo amigos de mi edad que hoy en día ya resolvieron su vida al igual que mi papá y todavía tienen tiempo de entrometerse en la vida de los demás. 



Ha sido difícil enfrentarme a la incertidumbre de vivir a mi manera. No tengo una guía que me indique hacia donde caminar, no sé si tengo que quedarme en un lugar y echar raíces o simplemente dejar que el viento me lleve sin ningún plan para esperar lo mejor, no es así o por lo menos no siempre. Tengo días oscuros en los que me cuestiono todo, me da miedo envejecer y darme cuenta que todo lo hice mal, que no me quedé, no hablé o no actué como dicen que debí hacerlo (porque ellos así lo hicieron),



Sin embargo, hay días en que me siento mejor y caigo en cuenta que mi vida no es un laberinto o un acertijo; no tengo una lista de cosas por hacer en orden de importancia que me vaya dictando hacia donde ir, sólo sigo mi instinto y quiero que eso sea suficiente.


Por Juan Antonio Ávalos


Imagen de Free-Photos en Pixabay

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