Falsos ídolos


En México, la sociedad está expuesta a un cúmulo enorme de estímulos que pueden crear una imagen, a veces muy distorsionada, de cómo funciona su mundo personal, la sociedad en general y el lugar que se ocupa en ella. Las personas con bajos recursos observan que dentro de su contexto la criminalidad, y más el rubro del crimen organizado, como el camino más viable para mejorar su estilo de vida.



Los medios de entretenimiento amplían el mensaje de la vida criminal como una vida llena de lujos y poder a través de series televisivas como “Rosario Tijeras” y “El señor de los cielos”; en películas como “La suburban Dorada”; a través de música en géneros como el Rap, Hip-Hop, Banda y Narco corridos, siendo estos dos últimos géneros que preponderan en la cultura mexicana. Además de mencionar los nuevos Sub-Géneros que están ganando terreno entre la juventud como los Corridos Tumbados y el Trap.



Que todos estos productos existan y se sigan produciendo responden, en cuanto a la producción, a dos factores: uno donde el creador es quien se desarrolló en el medio criminal y dio con la forma de compartir sus vivencias de manera que llegarán al público donde su producto era bien recibido gracias a que se identifican con él; y el segundo, donde los creadores no vivieron dentro del ambiente, pero crean un personaje que refleja las situaciones del contexto de su producto musical o mediático, con esto adaptándose y abordando un mercado que deja grandes ganancias.



Por parte de los consumidores, la falta de oportunidades educativas, culturales y laborales provocan en ellos dos efectos: la necesidad de inmediatez, que se observa en cómo admiran que los personajes/productos que relatan cómo llegan al poder y la gloria, a veces sin estudios, y a través de una vida criminal, volviendo a hacer énfasis en la poca atención que pone el público en las oportunidades que tienen a la mano por la poca notoriedad de estas, la mala implementación en su barrio o colonia y la escasez de las mismas, contrastando con la gran cantidad y variedad de productos que engrandecen la vida criminal, y la accesibilidad tan alta a estos.



Como segundo efecto en el consumidor ve desde un punto de superación personal y social, al recibir la admiración que conlleva una vida criminal vista a través de la distorsión que ofrecen los productos mencionados, justificando el acto criminal como la única salida viable para que las personas inmersas en estos sitios de escasez y bajos recursos dejen ese estilo de vida por uno mejor. Y lo peor de todo esto es que muchas veces esto último es cierto.



A raíz de la guerra contra el crimen organizado, que se dio durante el sexenio de Calderón, se observó un efecto secundario de ésta: que los grandes grupos criminales, regentes en dos o más estados, comenzaron a segmentarse en pequeñas facciones, las cuales continuaban con estrategias que funcionaban a gran escala, pero ahora aplicadas en pequeñas regiones, derivando en grupos criminales más reducidos, focalizados y organizados. Con esto el control que ejercían estos grupos más pequeños en sus regiones de dominio era mayor y más fuerte, logrando disminuir aún más las oportunidades que tenían las personas que habitaban esos territorios para buscar la superación o la gloria fuera de ese contexto, logrando con esto venderle la idea a los más jóvenes que ese estilo de vida era, si bien no el único, uno de los más rentables.



Aunque no podemos negar la importancia de que este tipo de contenido esté tan a la mano de los jóvenes, siendo estos un gran mercado, debemos ver la situación criminal del país y la subsecuente explotación mediática y mercantil de la misma como un síntoma de la mala organización social, donde nuevamente los consumidores tenemos que decidir cambiar la forma en que asumimos estos productos, a través de reconocer que la criminalidad es un problema a resolver y no un mundo donde terminaremos cayendo sin que podamos hacer nada, o que no nos concierne mientras no nos afecte.



Pues mientras la música, las películas y las series sigan representado la vida diaria de muchas personas en el país, estos productos, lejos de ser meramente entretenimiento, seguirán vendiendo la idea de los falsos ídolos, que nacen a raíz de pervertir la leyes y destruir vidas en pos de una superación personal egoísta, y seguirán siendo el estandarte para muchos de los más jóvenes que no cuenten con un capital cultural que ayude a tener un punto de vista más objetivo y amplio.



Por Pedro F. Villegas

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