Experimento de Milgram: autoridad, obediencia y presión social




Hay tres factores (a considerar en el desenlace) que influyen en el comportamiento de los seres humanos: ideología, contexto y figura de autoridad. Alguno puede tener más peso que los otros, por ello, hay ocasiones en las que no entendemos la forma de actuar de alguien, porque ignoramos bajo qué factor se está rigiendo, ¿qué provoca que tome cierta decisión, es porque la persona quiere hacerlo o porque hay un tercero que lo está obligando y/o presionando?


Para la toma de decisiones persuadidas, existe el experimento de Stanley Milgram, cuyo objetivo, es saber el comportamiento de los individuos y el nivel de obediencia que tienen cuando hay una figura de autoridad frente a ellos. Éste consistió en hacer el estudio de 40 personas para ver hasta dónde eran capaces de obedecer a la autoridad, llegando al extremo de lastimar a otro ser humano a través de descargas eléctricas.


Milgram contrató a dos personajes que sabrían que todo iba a ser actuado: uno fungiría como autoridad y otro, supuestamente, recibiría las descargas. El tercer personaje (y objeto de estudio) no sabría sobre este experimento y se encargaría de dar las descargas.


¿Qué ocurre cuando esto se lleva a una escala mayor? En el documental “The Game of Death” retoman el experimento y lo llevan a la televisión en formato de concurso (con la diferencia de que, en el mismo, existe la presión social). De 2,500 participantes se seleccionaron 80 para ponerlos a prueba.


Cuando los individuos entraron al juego, tuvieron que lidiar con una primera imagen que era estar en la televisión, se preocuparon más porque estaban en un medio masivo de difusión, que en hacer lo éticamente correcto, es decir, ponían al otro (público de TV) en primer plano porque éste hablaría de su desempeño, juzgando si tenía que estar en el programa o no.


Cuando las descargas eran bajas y el dolor tolerable para las personas en la audiencia, el participante sólo emitía una risa de nervios y seguía dando descargas. La risa se convirtió en preocupación luego de notar que el dolor ya era demasiado, había súplicas y el foro se llenaba de tensión, la presión social continuaba ejerciéndose en el participante, de 80 individuos, únicamente 16 abandonaron el juego.


¿A qué viene este experimento, por qué aún es importante? Refleja lo que pasa en la actualidad, dentro y fuera de la pantalla grande, es la obediencia denominada “estado agentico”, es decir, una persona autónoma puede hacer todo lo que una figura con alto status le indique, aunque esta petición vaya en contra de sus valores.


La gente niega el estado de la otra persona y evade el sufrimiento que presenta, en este punto realizan las actividades porque sólo se dedican a obedecer, así terminan más rápido aquello que les produce incomodidad. La presión social va tomando más fuerza sobre el participante, normaliza dañar y violentar (en cualquier aspecto) a alguien más.


Así es como funciona el experimento, lleva al límite al sujeto para que actúe de cierta forma, ya sea positiva o negativa, cuando se agrega la presión social, se elimina el juicio de la persona, evitando así su ideología, ya no importa lo que crea que es correcto, está actuando por actuar. Es difícil lidiar con este tipo de presión y por eso, la gente prefiere ir a donde el barco se mueve, son muy pocos los que mantienen firmeza en su ideología y valores.


Por Samanta García.

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