Evocación: Arte y memoria del tormento

Comentarios de El mapa y el territorio de Michel Houellebecq y Jango Fett


Tres partes y un epílogo nos llevan a una pregunta: ¿Es posible que lo propuesto en la novela nos augure una sociedad industrial en declive pero que paradójicamente nos lleve a una industrialización del arte?.

Las condiciones humanas de los acercamientos artísticos en la sociedad de conocimiento inmediato nos llevan a la crisis de Houellebecq, en representarse a sí mismo desde varios personajes. Es en sí un análisis de vida dentro de la sociedad contemporánea, que nos remite también a los condicionamientos de la estética como mercancía dentro de la habitualidad de vida de un primero joven y luego un artista llevado a la senectud. “El padre de su padre había sido fotógrafo; sus propios orígenes se perdían en un charco sociológico apetitoso estancado desde tiempos inmemoriales , esencialmente compuesto de obreros agrícolas y campesinos pobres”; la relación de la imagen que cruza las profesiones y la cultura y lo atractivo y contrastante que puede ser el reflejo de las angustias mismas de quien haya sido en esta sociedad actual, un indeciso entre seguir los estados clásicos de profesión o quien se incline ante las liberalidades de los oficios – profesiones relacionados con la estética.

También se media una crítica hacia la imperancia occidental éxito-fracaso, la “condición” del artista o de reproductor de imágenes se media desde una originalidad llevada necesariamente al éxito, este éxito que se media desde la concertación necesaria pero también por las inusitadas suertes de contactos y condiciones favorables para desarrollar una obra estética[1] es una política entonces de la estética, un condicionamiento socio- económico dentro del marco capitalista; la novela entonces me pone en un distanciamiento temporal al proyectarla a un futuro más o menos cercano, una especie de futurología desde la psiquis de un artista, condicionado por sus mismas angustias y por el paso del tiempo. Cuando friccionamos la estética hacemos una autopsia de nuestro presente [2] , la composición se transforma en representación más allá de la mímesis posible, es decir se convierte en narración, una cercanía a la Mnemosine pero con la característica de la evocación.

En este sentido una nos remite hacia la subversión de la composición fotográfica, su proceso representacional y sus espacios más allá de la imagen como certeza. La captura del tiempo es, según lo propuesto, elemento fundamental de un acto fotográfico, un acto estético, es decir el pensamiento sobre lo real, en este caso la mirada que termina siendo el último vestigio de lo real en el sentido representacional y psíquico, el momento entre el sujeto estético y el momento más allá de la intención de vestigio de lo real[3].

La vuelta de la vida de Jed martin como fotógrafo en un futuro más o menos lejano continúa proponiendo fuentes de reflexión constantes desde esta posmodernidad referida en el plano escópico, es decir el oficio que me toca en este caso, es desde la reflexión de la valía de la estética y su propuesta, ¿Es entonces la originalidad liminal y relativa de la réplica y la representación lo que puede ser perenne en el mundo artístico estético?, siguiendo que

“El dispositivo fotográfico es teatral” (Durand, Régis pg 31) en este sentido de una lúcida apreciación puedo llamarlo dramática de la estética fotográfica también, las fotografías de objetos del personaje, la composición que trata de hacer sentir Houellebecq en el sentido de la disposición y lo tremendamente subjetivo que se vuelve intenso en lo que se oculta, se desenfoca, lo que se dice lo que no. Es una metáfora de la necesidad de retener el tiempo en la vertiginosidad de un futuro casi distópico (Francia como fracaso en el sentido de su transformación en un país enclenque y antiguo un país reliquia).

El recuerdo se vuelve entonces un instante perenne donde está involucrado el sujeto creador, es decir quien compromete la pulsión de la mirada y se mezcla con una retórica de la composición fotográfica. Es interesante resaltar en esta primera parte el énfasis hacia la imagen de la imagen (imagen – mirada, imagen-voyeur ), que es tremendamente complejo en el sentido de lo comprometido de la elaboración de sentido de realidad que comprometió al fotógrafo y al espectador, que es en este caso un espectador fugaz[4].

En este sentido se nos solicita un entendimiento de la imagen fotográfica como una práctica para y desde el sujeto más allá del documentalismo de esta, la reflexión que la fotografía puede producirse acerca a los dispositivos de una instalación artística encapsulados en la imagen fotográfica; esta característica en sí misma es conceptualmente, cercana a la obra de Baudrillard “Simulación y simulacro” donde la imagen representa, mas no es y necesita de la conciliación estética para poder ser abordada.


La experiencia estética entonces desbordaría quizá la composición fotográfica.

La muerte de los grandes relatos de Lyotard[5], nos hace pensar en la imagen electrónica como la muestra del devenir de la imagen y su retorno hacia lo fugaz el recuerdo atado a la luz, es decir un retorno hacia la imagen mental relacionada con el relato hacia esta y así mismo al mito, (es una imagen fotográfica la que implícitamente media en la vida de Jed).

Este momento posmoderno anota una cercanía hacia el paisaje mítico, es decir la significación relacionada con el complemento cultural y mental del individuo y su experiencia con la imagen.

¿Estamos entonces en un reconocimiento de la obra fotográfica como elemento relacionado con la obra artística contemporánea? La modernidad, la posmodernidad de Lyotard y la sobre-modernidad de Marc Augé se sintetizaría en las etapas de la imagen fotográfica: El inicio del vestigio sobre elementos sensibles a la luz (papel) el condicionamiento del retoque fotográfico y la sobreproducción de imágenes electrónicas, es de hecho un retorno a la oralidad, al describir la imagen que no está, es el condicionamiento hacia la luz y la “materialidad” de la imagen lumínica, un concepto sobre la mirada-memoria.

Jed Martin puedo ser yo. Y la muerte del escritor-personaje es un guiño a la reflexión propuesta, que mantiene entonces los mismos condicionamientos que una obra pictórica, la estasis, la reflexión, la instalación sobre esta, incluso si es improvisada, en nuestra cotidianidad, compuesta desde la experiencia del autor y desde la mirada del anónimo observador-espectador, que es en sí misma compuesta desde la trinidad autor-imagen-representación.

Los condicionamientos de la del relato mismo en nos contextualizan en una visión de mercenario[6].

Es decir, un comportamiento profundo en las crisis del artista venido a más. Su pasado familiar como ya se expuso anteriormente su base campesina, el éxito de su padre y la búsqueda nos muestra una cotidianidad de héroe, retrato de nuevo, del autor de la novela. Un elemento que llama la atención es la mención del retrato. El retrato pictórico y el fotográfico trascendiendo a un retrato literario, oral y descriptivo en un tormento estético.

El retrato de occidente, como el de Jango Fett; la condición de un viejo mercenario que por su terquedad está destinado a morir. Occidente que quería sus clones políticos y culturales y que incluso estéticamente se sobrepasó a sí mismo[7], un retrato construido desde una novia rusa, una una escort girl, una especie de existencialismo posmoderno y que retomando otra vez a Lyotard nos pone expuesta una crisis europea visionada desde las últimas décadas del siglo XX:

“Nuestra hipótesis es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna Este paso ha comenzado cuando menos desde fines de los años 50, que para Europa señalan el fin de su reconstrucción. Es más o menos rápido según los países, y en los países según los sectores de actividad: de ahí una discronía general que no permite fácilmente la visión de conjunto. Una parte de las descripciones no puede dejar de ser conjetural. Y se sabe que es imprudente otorgar un crédito excesivo a la futurología”(Lyotard, pg 9,1987).


El retrato de Houellebecq sería también el retrato de Europa, y que se vislumbra desde las crisis subidas y caídas de Jed Martin, que en un mapeo de vías es de nuevo una metáfora sobre los caminos, en este caso los paralelos o referidos a los estados de la actividad artística actual, cercanos mejor a la denominación de actividad estética-cultural. Este personaje vislumbra siempre en sus diálogos o los diálogos de sus interlocutores discursos de dialéctica pura, marxismo tardío y existencialismo en sus actos.

Consideremos esto incluso una oda al pop art, desde esta visión posmoderna al ejercer retratos de celebridades de los medios y los monopolios informáticos. Lo tomo como una ucronía o historia contrafactual en su escritura, el “qué hubiese pasado si…” , pero el saludo a la bandera se oficia casi enteramente a este marxismo tardío, los personajes clase media con altibajos cíclicos en su economía, proletarios disfrazados y dueños de empresa vistos desde las series casi autobiográficas.

El viaje a Irlanda representa el viaje a Europa misma, Irlanda representa el estado del oficio estético y la connotación de Europa desde esta visión: Un estado semi-aislado con gran pasado, una cartografía de la ética sobre las prácticas culturales y una cartografía en sí misma.


“La obra que ocupó los últimos años de la vida de Jed Martin puede, pues, considerarse —es la interpretación más inmediata— una meditación nostálgica sobre el fin de la era industrial europea, y más en general sobre el carácter perecedero y transitorio de toda industria humana.” (Houellebecq, pg. 322. 2011).


Más allá del éxito de la novela esta visión eurocéntrica del arte y del mundo a través de la imagen y el drama humano necesario para la narración deja el sabor de la modernidad tardía para nuestros países bajo el Río Grande, es el efluvio de las visiones burguesas necesarias que componen aún nuestras culturas, desde los tangos "gardeleanos" en Buenos Aires hasta la arquitectura afrancesada de parte de Ciudad de México pasando por la cultura del cafetín en Colombia y las costumbres de las élites rancias de nuestra América.

Christian Sarria Villaquirán


Enlaces de interés:

https://librosgeniales.com/ebooks/el-mapa-y-el-territorio-michel-houellebecq/


Bibliografía mencionada

AUGÉ Marc. (1998) Las formas del olvido. Editorial Gedisa.

BAUDRILLARD, J. (1978). Cultura y simulacro. E. Kairós. Barcelona, letra E

_______________ (1994) Simulacra and Simulation. University of Michigan Press

DURANT Regis, (2012) La experiencia fotográfica. Ediciones Ve, Fundación Televisa. México, D.F

Houellebecq, M. (2011) El mapa y el territorio. Anagrama, Madrid.

LYOTARD Jean F. (1987) La condición posmoderna. Ediciones Cátedra, Madrid.

Webgrafía

http://www.elespectador.com/entretenimiento/arteygente/europa-un-continente-envejece-muy-mal-articulo-531680

[1] Hablo de estética como obra y estación, la que se da entre el sujeto y el objeto, y la susecuente denominación de obra artística. [2] “Sony (pictures) se vio obligada a apagar su red de computadores para prevenir que se filtrara más información, lo que obligó a que los empleados trabajaran con lápiz y papel.” Tras ataque cibernético en Noviembre de 2014. [3] “- ¿Ha hecho muchas fotos de este tipo? -Un poco más de ochocientas-“ Houllebecq pg 46. [4] Cabe de nuevo la pregunta:¿Es posible establecer lazos de la teoría de la imagen con las prácticas espectatoriales basados en la teatralidad y la reconstrucción dramática en el contexto de la imagen historizada? [5] El espacio temporal donde se ubica el relato nos mezcla desde novela negra hasta el distanciamiento con el mundo analógico, pero con una mirada nostálgica hacia un pasado. La celebración navideña como guiño también a una costumbre más cultural que de fe. [6] Me refiero incluso a un paralelismo dentro del contexto dramático al personaje de Star Wars Jango Fett, mercenario espacial con un drama propio, incluso el de su clonación. [7] “Europa es un continente que envejece muy mal, en manos de un grupo de representantes en Bruselas medio demagogos y medio analfabetos que están desmantelando 30 siglos de cultura. Añádele a eso un continente que no crece, que no tiene juventud, hecho de jubilados” Arturo Pérez-Reverte . Pablo de Llano, especial de 'El País' de España en: www.elespectador.com

¿Y tú que opinas de las noticias?

© 2020 The Circle Of Opinion MX; todos los derechos reservados | ventas@thecircleofopinion.com.mx |