Empatía: parte de una conducta aprendida



Cuando somos pequeños, los primeros años de vida son los más importantes (y cruciales) porque dependemos completamente de alguien más y también, de lo que ese alguien nos esté inculcando.


Un niño va a reproducir las mismas acciones que vea, la construcción de su personalidad va a estar modificándose de acuerdo con lo que le enseñen sus figuras de autoridad, pueden ser las directas (como los padres, hermanos, familia) y las que se encuentran en su entorno (amigos y sociedad en general). Apenas está comprendiendo la manera en que funcionan las cosas y no sabe distinguir entre lo bueno y lo malo, simplemente está haciendo lo que le enseñan.


Cuando entra en contacto con la sociedad, se empieza a corromper debido a que está aprendiendo nuevas cosas, sus ideas pueden coincidir con las de alguien más, pero también pueden discrepar. Aquí es cuando nos damos cuenta de que la forma de concebir el mundo es muy diferente para cada ser humano, las prioridades y objetivos son diferentes (lo cual está bien) pero, la forma de llegar a ellos es lo que cambiará, se puede ver por el bien común o el individual sin perjudicar a los demás o arrastrarlos, siendo independientes o disponiendo siempre de los otros (y de lo que tienen).


No comprendemos cómo es que puede haber algunas personas que posiblemente dañen (en la escala que sea) a alguien más, ya sea a un ser humano o cualquier ser vivo, tampoco sabemos cómo es posible que el nivel de empatía de este grupo sea casi nulo y por eso, no les importan los demás.


Además de las posturas que existen sobre la naturaleza del hombre, es necesario considerar un factor: la empatía. El doctor Daryl Cameron, publicó en el Journal of Experimental Psychology un estudio sobre esto, en el que cuando alguien carece de empatía, es porque necesita de un esfuerzo mental que le demanda más de lo que la persona podría dar por sí misma.


Desde el punto de vista cognitivo, ser empático tiene un grado mayor de exigencia porque esto implica estar con otra persona, entender qué le pasa, ayudarlo, orientarlo, comprender la razón por la que algo le afecta y de qué manera se ve perjudicada, además de que debe ahondar un poco en sus ideologías para saber la razón del impacto que le generan las cosas.


Como se sabe, el cerebro de un niño es maleable, su educación y desarrollo dentro de la sociedad va a irse forjando con el tiempo. La forma de ver el mundo es una parte del proceso de aprendizaje, sabremos ser empáticos porque así nos lo inculcaron o, por otro lado, recurriremos a ver únicamente por el fin individual sin importar lo que eso signifique, sin importar los medios que se deban utilizar para conseguir algo (llámense materiales o seres que funjan como un facilitador).



Por Samanta García.

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