El marketing es marketing, lo demás es intolerancia

Saltémonos el discurso sobre para quién es qué o no es qué y por qué. Es una campaña publicitaria en medio del mes del orgullo LGBTTTIQ+, encabezada por Jari Jones, y orientada a representar un sector de la población mundial en las que muchas veces es menospreciado en los medios de comunicación, dejado de lado o simplemente ignorado.


Y sí, es un estereotipo de ese sector de la población, el cual según la definición del concepto Estereotipo: funge como generador de expectativas o suposiciones sobre un individuo basadas en su pertenencia a un grupo o categoría, y los estereotipos dentro de las campañas publicitarias componen pequeñas representaciones sobre a que se apunta al consumir tal o cual producto, y como lo es en este caso, para quienes también va dirigido.


Además de la representatividad que evocan los estereotipos, la población en general puede usarlos para añadirse a cierto grupo y generar un sentido de pertenencia, y a la par para discriminar, entendiendo esto como el saber que cierta persona no pertenece a su grupo por las características que lo representan (aunque hay quienes llevan el concepto de discriminación a otro nivel; a uno más agresivo).


Los estereotipos no sólo comprenden a personas de carne y hueso representadas en espectaculares a la mitad de Nueva York por una marca reconocida mundialmente, van desde los productos más simples, donde se sirven de ellos para asegurarse un público adecuado de consumo, utilizando características tan sencillas como los colores representativos del género al que van dirigidos (entiéndase el rosa y el azul como el ejemplo más sencillo y a la mano que la mayoría tenemos).


El punto de mencionar la sencillez de la cual se sirven las empresas a la hora de emplear los estereotipos (rozando a veces lo descarado) es que los vivimos día a día, están en todas partes, por otro lado, el discurso que verse sobre desprestigiar la aparición de Jari Jones en la campaña publicitaria de Calvin Klein por ser sólo un estereotipo, denota una completa desconexión de la realidad en la que se vive, que además muestra que no se logra comprender que los estereotipos funcionan con base en la época de la que se hable; que los grupos representativos cambian y evolucionan, se fusionan. Mientras que las marcas se adaptan y reaccionan a las olas más fuertes y a la vanguardia de lo que va marcando tendencia en la sociedad contemporánea.


Este último punto es lo que quiero señalar como algo importante. Hay un efecto de gran importancia, una especie de estrategia de imitación, donde las marcas estandartes, con mayores ventas, presencia en el mercado o alcance, son imitadas tanto en productos como en campañas publicitarias por empresas más pequeñas, pues al ellas poner los focos sobre cierto sector de la población o recurrir a ciertos estereotipos, estas compañías del mismo giro comenzarán a replicar esa receta publicitaria, buscando resultados similares, no quedarse atrás en ventas o acaparar el mercado que la marca estandarte ha resaltado.

Cada año vemos más representatividad de la comunidad LGBTTTIQ+ dentro de los medios de comunicación (más en el Pride Month, por obvias razones), alejándose in crescendo de ser solamente recursos cómicos o representaciones superficiales de lo que en verdad son las personas reales en la vida real enfrentándose a problemas reales, así que podríamos esperar que, con el paso de los siguientes años, se sigan asestando golpes a las normativas casi obsoletas que aún continúan demostrando lo poco tolerantes que somos con lo diferente, y que poco a poco se acepte que allá afuera, a nuestro alrededor y en nuestra cotidianidad, existen personas que aman sin importar el color de piel, la orientación sexual o con qué genitales se haya nacido, y todo esto con #Orgullo.

Por Pedro F. Villegas

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