¿El Feminismo incómoda? Pero ¿a quién?

“Una no nace, sino se hace mujer” (Beauvoir, 1949)

El feminismo como movimiento y discurso es un tema significativo que se ha transformado en la incomodidad de varios sectores independientemente del precepto del hombre como género masculino, es incómodo para diversas instituciones que han tratado de controlar y manipular a su antojo el papel de la mujer en el sentido general de la palabra.

Establecer el diálogo entre estas partes se dificulta porque se transgrede un sistema de creencias inclusive en lo simbólico, no podemos romantizar el feminismo porque sería caer en la contradicción, pero ¿cómo logramos que funcione y que no haya separatismos en el mismo sector? pues resulta ser muy difícil dejar a un lado los “micromachismos” que ejercemos por ser una parte cultural que se encuentra muy arraigada en la identidad de cada quien.

La manera de conseguir que un núcleo como el machismo se derribe, es generando diversas aristas que logren desmantelar de un modo eficaz ese problema, pero evidentemente no es tarea sencilla, en primer lugar por los sesgos culturales que tenemos interiorizados, el cambio literalmente viene desde los individuos que logran destruir esas antiguas costumbres o estructuras, llámese hombre o mujer en su constructo, es decir, tendrían que entender a groso modo el problema y lo que significa el género.

Marta Lamas, una antropóloga mexicana feminista cuya investigación se centra en los estudios de género, explica que es una simbolización cultural construida a partir de la diferencia sexual, rige el orden humano y se manifiesta en la vida social, política y económica, es decir, el orden cultural produce percepciones especificas sobre las mujeres y los hombres con las cuales se intenta normar la convivencia.

El género funciona como un filtro, en donde miramos e interpretamos el mundo, constriñe nuestros deseos y fija límites al desarrollo de nuestras vidas, Lamas en su investigación menciona que la conceptualización de las mujeres como “complementarias” de los hombres ha obstaculizado su reconocimiento como personas con intereses, derechos y potencialidades iguales a los hombres, y ha dificultado su acceso a espacios y desempeños que se consideran masculinos.

El feminismo ha logrado situar en la agenda política el trato desigual en base al sexo y ha evidenciado el desinterés a las nuevas expresiones atípicas de género, por ejemplo, los hombres femeninos, mujeres masculinas. Opciones sexuales cambiantes; la homosexualidad y la bisexualidad; la lógica del género ha dificultado la comprensión del fenómeno sexual humano.

Aquí ocurre algo interesante, la raíz de la cultura es el núcleo inicial del aparato psíquico, de ahí nace el pensamiento simbólico, esto implica al órgano del cerebro donde se produce el lenguaje y las representaciones, así el individuo se construye a partir de las significaciones culturales y por consiguiente se vuelve sujeto y ser social.

Así algunas sociedades elaboran y nombran binariamente sus representaciones, por eso la importancia de la diferencia sexual, sobre la cual se construyen ideas de oposición y complementariedad. Debemos entender que el cuerpo también está simbolizado y la diferencia entre mujer/hombre, tiene diversas manifestaciones, la cuales son redes de imágenes y elementos que construyen nuestra manera de comprender el mundo.

Para enfrentar los problemas sociales de sexismo y homofobia hay que partir del reconocimiento entre la relación de la complexión mental y las exigencias culturales como la creciente invasión de las mujeres en los ámbitos masculinos y la emergente manifestación del deseo homosexual.

Aún no existe en la sociedad una auténtica aceptación de las mujeres como sujetos iguales a los hombres ni de la práctica homosexual como análoga de la heterosexual.

“Se requiere algo más que trabajo intelectual para enfrentar, en términos de sufrimiento humano, las consecuencias del género (…) cuestionar los esquemas mediante los cuales las personas nos convertimos en hombres y mujeres, y por el cual consideramos ciertas cuestiones naturales y otras antinaturales, debe convertirse en una tarea de la agenda política” (Martha Lamas, 1996)

El feminismo se ha tergiversado y dividido en distintos rubros pero ojo aquí, esto no quiere decir que el ser feminista es un sinónimo de misandria, ni siquiera de supremacía, mucho menos antónimo de machismo, más bien es la lucha por la igualdad de derechos tanto de mujeres como hombres y que el ser mujer no sea motivo de violencia, agresión, opresión, segregación, violación y feminicidio, es una ideología que defiende la igualdad social, cultural, política y económica además engloba esos rubros en una lucha que comparte el mismo fin.

El adrocentrismo o machismo, ha sido una ideología dominante que se proyecta en todos los ámbitos, pero hablemos de los “micromachismos”, el término lo acuñó el psicoterapeuta español Luis Bonino Méndez en 1991 y estos operan de manera “casi” imperceptible.

Son violentos y sutiles, lo cual no quiere decir que sean pequeños o inofensivos, al contrario, en ocasiones no se es consciente de la práctica, y se normaliza, ese es el problema, unos ejemplos son las bromas crueles sobre las mujeres, decirle a un pequeño que llora como niñita, creer que algunas actividades, acciones o aptitudes son impropias del sexo femenino incluso masculino, entre muchas otras, son problemas provocados también por la lógica del género.

“Debemos establecer un nuevo discurso sobre la sexualidad que integre las actuales informaciones psíquicas y culturales sobre la construcción del sujeto y también debemos cambiar las leyes que ordenan nuestra convivencia. Como bajo la ley jurídica subyace la ley simbólica, para cambiar las anticuadas leyes que están vigentes hay que denunciar la rigidez de la lógica del género” (Marta Lamas, 1996)

Las perspectivas feministas del fenómeno humano no son aceptadas por varios grupos de la sociedad, ya que por un lado están las creencias religiosas, fijadas en una argumentación "naturalista" y el universal miedo al cambio o a lo desconocido, esto hace que se preserve el pensamiento conservador.

Para generar soluciones se deben construir reglas de convivencia más equitativas, donde las diferencias sean aceptadas, comprendidas y no sean utilizadas para establecer desigualdad de trato, se debe reconocer que los comportamientos sociales no dependen en forma particular de los hechos biológicos, afirma Lamas.

El tema, así como el movimiento son incómodos por el mismo hecho de ser mal entendidos, por no ser aceptados y negar que la mayoría hemos sido partícipes del problema sin ser siquiera conscientes, no quiero decir que seamos culpables de ello o que lo fomentemos, sino que llegamos a estar inmersos en una estructura simbólica, política, religiosa, cultural etc. Que han dificultado romper con los paradigmas o “costumbres” con las que hemos crecido.

Una manera importante de hacerlo es pensar en los micromachismos que aplicamos en la cotidianidad a otras personas y a nuestro cuerpo, antes de criticar tenemos que reflexionar y ser más conscientes e inclusive empáticos con quienes luchan por algo mejor para los demás, para que deje de ser incómodo hagamos conciencia, hagamos el cambio.

Por Narda E. Carrasco

Créditos

Foto 1: Mujer amándose, Ilustración por Narda E. Carrasco

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