El Amor de mi Vida


El día que me cambió por siempre fue aquel fin de semana en que mis amigos decidieron ir de vacaciones. Yo no tenía dinero y no quería salir porque me da pena que anden pagando por mí. Sé que en realidad no hay problema porque cuando yo tengo dinero, yo pago y es una por otra, aun así, no pido limosna. Pero al final, su insistencia me terminó convenciendo así que nos fuimos todos a la playa.


En realidad, yo voy sin voz ni voto porque literal me estaban invitando así que me abstengo de comentarios, sobre todo cuando se les ocurre ir a un antro donde toda la mugrosa noche tocan reggaetón. Prefiero mil veces ir a un buen café con música agradable o ir por algo que comer, incluso prefiero ir a un bar, donde la gente se ocupa de sus propios asuntos y nadie te molesta y en general todos nos pasamos un buen rato. En contraste, la gente siempre está arrimándose en los antros, las bebidas son exageradamente caras y nada de platicar pues ni hablar se puede por el ruido tan fuerte que hay.


Pero esta vez, que alegría fue haber ido a ese lugar de mala muerte. Resulta que fue una de las noches más excelentes que he tenido en mi vida y eso que ya no suelo buscar la fiesta como en la universidad donde solía alcoholizarme todas las noches y salir a dar rondines de bares y antros. Sin embargo, así son los azares del destino; no importa el lugar ni el momento, si es lo que tienes que vivir ¡lo vivirás!


Desde que empezó el viaje, pintaba a ser un desastre. Cuando llegamos al lugar donde nos íbamos a hospedar nos dimos cuenta de que no tenía nada que ver con las imágenes del sitio donde hicimos la reservación, así que pedimos una cancelación y nos quedamos a la deriva. Por fortuna, encontramos un espacio en renta cerca de donde estábamos que estaba mejor, aunque casi al doble del precio. Ni hablar, nos quedamos ahí y empezamos a ajustar el presupuesto (yo no tuve vela en aquél entierro pues de por sí no tenía dinero).


Después del mal trago, por fin estábamos establecidos y descansados así que empezó la aventura. Claro que lo primero que hicimos una vez arreglados fue buscar un lugar para cenar. Pepe (mi mejor amigo y quien llevaba el carro) declaró que cenaríamos mariscos así que fuimos en busca de un restaurante de mariscos. Por supuesto que el lugar que escogieron, aunque parecía agradable a la vista, resultó ser muy malo pues ese mismo día, todos terminamos con malestar estomacal.


Ese día, los planes quedaron efectivamente arruinados pues nadie quiso (ni podía) salir a la calle sin arriesgarse seriamente a provocar un accidente, la farmacia se benefició mucho de nuestras “vacaciones”. Con este ya eran 2 malos tragos que estábamos pasando y era el primer día allá, y como la cereza del pastel, se había descompuesto el aire acondicionado y solamente teníamos un ventilador de techo para calmar el calor. Tercer strike.


El segundo día del viaje, Pepe y yo ya queríamos tirar la toalla y regresar a casa, pero Nancy llevaba ya 3 años sin dejar el trabajo así que nos convenció de volver a intentarlo. Al inicio las cosas parecieron mejorar, el desayuno fue ligero (pero necesario) así que todos nos empezamos a sentir mucho mejor y con el clima caluroso, cielo despejado y viento refrescante, todos nos pusimos de muy buen humor, el primer paso fue ir a la playa (así al menos al siguiente strike podríamos dar por concluido el viaje).


Fue en ese momento en que todos los pesares quedaron saldados, cualquier pena lo llegaría a valer pues fue en ese momento en que conocí a la mujer más hermosa del mundo. Más alta que yo, piernas largas, esbelta, pechos ni grandes ni pequeños, cabello rubio y largo, ojos color miel, la sonrisa más sincera y espectacular que haya visto jamás. Me enamoré solo por escucharla reír. Me hizo sentir inmediatamente en paz y armonía así que tenía que conocerla.


Tímidamente me acerqué y le pregunté su nombre:

– Linda. Encantada.


“Que hermosa voz...y que hermoso nombre” – fue lo único que pude pensar. Después de un par de momentos incómodos en que no sabía cómo mantener la conversación, me quedé de piedra cuando fue ella quien nos invitó a una fiesta en la noche, en el susodicho antro donde se creó el parteaguas en mi vida. Claro que no me costó nada convencer a los demás de ir a ese lugar, en realidad todos nos la pasamos bien esa noche, pero fui yo quien más lo disfrutó.


Llegando, Linda me recibió con un beso en la boca. ¿Estará borracha acaso? Me tomó de la mano y nos guió a su mesa. Bailamos toda la noche y jamás le vi tomar una sola copa de algo que no fuera refresco, yo tampoco tomé esa noche. Después del antro, fuimos a la casa de uno de sus amigos que se encuentra a pie de playa. Prendimos una fogata y nos quedamos ahí hasta que amaneció. Estuvimos platicando toda la noche y fue en ese momento en que me di cuenta de que estaba enamorada.


Lo demás, realmente es historia, desde ese día Linda y yo somos pareja. No sé bien qué es lo que ella vio en mí, pero me asegura que no lo he perdido desde entonces. La siguiente semana cumpliremos ya 5 años de estar juntas, 2 de estar viviendo juntas. Es increíble cómo un día, una noche tan espectacularmente aleatoria se vuelve punto de partida de algo que te cambia la vida para siempre y por completo. Es maravilloso cómo en un santiamén, el amor toca a tu puerta de una manera tan completa y espléndida que ni siquiera eres capaz de comprender lo que está sucediendo hasta que ya pasó.


Mi historia es una de las más sencillas y burdas que existen, pero también es de las más honestas pues el sentimiento de amor es puro y genuino.


– Maya.

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