El alcance de los nuevos héroes de la corrección política

Una nueva corriente de pensadores, que se sirve mayormente de las redes sociales, está desarrollándose en América Latina cada vez con más fuerza. La corrección política está comenzando a asomar su filo de escrutinio en los jóvenes y en los adultos jóvenes, y es importante señalar que esto puede traer cambios importantes en cortos periodos de tiempo.



No abordaremos la historia del concepto, ni la cuestión de lo positivo o ventajoso que resulta de estar o no alineado a lo "políticamente correcto", dependiendo de la época de la que se hable, porque ya existen escritos y vídeos que abordan esto de manera magistral, y que comparten al menos una postura: Etiquetar o etiquetarse dentro de este concepto funge como distintivo positivo o negativo según la época y los fines políticos y sociales que se busquen con esa denominación.



Los nuevos luchadores y/o luchadoras sociales, van sumándose cada vez más a través de las redes, donde quizá este aislamiento los ha vuelto más conscientes de problemáticas contemporáneas, o ha puesto al alcance de su criterio la posibilidad de señalar esas mismas problemáticas sin enfrentarse directamente a mostrar su rostro, usar su nombre real, o compartir un espacio físico con quien se discrepa.



Las opiniones que se llegan a compartir se desarrollan artificialmente, donde los más jóvenes pueden buscar un cupo en las corrientes que les otorguen un sentimiento de unión o compañerismo, además de sentirse fuera del común denominador (superiores). La distinción que otorga el saber que apoyan “la causa adecuada” o que tienen una “postura correcta” del tema o polémica de turno, les satisface aunque no comprendan o profundicen dentro de este lo suficiente.



La desconexión que existe hacia el contexto donde se desarrolla tanto la problemática a opinar como la opinión misma es importante. Se puede mencionar que a través de las redes los creadores de contenido de calidad, mayormente audiovisual, que son conscientes de que el público al que se dirigen es amplio y se compone personas de distintas edades, nacionalidades e ideologías, al abordar temas de difícil comprensión, además de sus vídeos de por sí bien hechos, optan por generar contenido extra para desenvolverse aún más sobre el tema, y explicar por qué tal o cual postura no apareció en su vídeo, o por qué apoyan a cierto autor y no a otro, sólo por poner un ejemplo. Comprenden que el contexto de donde nacen sus opiniones y su contenido será visto por un público que está dentro de un sin fin de distintos contextos.



Quienes se unen a las olas mediáticas que más se asemejan a una cacería de brujas carecen de esta cualidad por un motivo bastante preocupante, y es que al unirse a una corriente que promueve una opinión o postura, como la adecuada, se aísla completamente a las opiniones que versen en contra de “lo correcto”, lo que los personajes defienden, por más bien argumentadas que estén.



Este fenómeno de burbuja, donde se llegan a aislar los luchadores sociales en las redes, provoca que el mensaje promovido se mantenga en un hermetismo casi absoluto, y donde no pueden concebir siquiera que existan personas que no opinen como ellos y su grupo. Careciendo así completamente de la contemplación del contexto a donde su mensaje va a parar y a quiénes puede llegar a influir, todo por repetir un mensaje, que como ya se mencionó, no comprenden del todo, pero reconocen como lo adecuado a compartir.



Y la premisa que se debe tomar en cuenta cuando se habla de estos personajes es que se opina de lo que se puede alcanzar, -Me explico-: si un Twittero habla sobre cierto tema siempre lo hará desde sus posibilidades tanto económicas como sociopolíticas, pues su posibilidades de acción se limitan únicamente a dar una opinión dentro de la plataforma, en cambio, personas metidas en un contexto más profundo dentro del tema pueden apoyarse de ONGs, y provocar movimientos sociales físicos o incluso promover posturas políticas si esto les es posible. Aquí se entiende por qué muchos de los luchadores sociales quedan recluidos a su opinión y no en la acción, pues su contexto no da para llegar a un medio de acción como tal, pero sí para transmitir un mensaje.



No todo es negativo, pues una de las ventajas más importantes de que los jóvenes de se unan a estas "olas mediáticas" es que, para bien o para mal, toman una postura, crean un criterio propio aunque este pueda ser algo artificial, y voltean a ver problemáticas que antes no estaban siquiera contempladas en la opinión pública. Y si logran escapar de la manipulación vil de los medios, la mercadotecnia y la política, podemos contar con jóvenes cada vez más despiertos y con hambre de defender lo que es debido.



Aunque para esto se debe reflexionar sobre cómo consumimos las opiniones que recibimos y qué tanto nuestro propio contexto (capital cultural y análisis de temas), está preparado para apoyar u oponerse a una postura. Sin duda, esta es una gran oportunidad para la sangre joven, pero no se deben ignorar los riesgos que implica y tomar la responsabilidad necesaria.



Por Pedro F. Villegas

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