Condescendencia y respeto

Cuando hablamos de autocuidado generalmente pensamos en la forma en que debemos cuidar nuestro aspecto físico, pero nos olvidamos del aspecto emocional, un conjunción importante para este momento histórico en el que estamos confinados, donde ser condescendientes con nosotros mismos implica romper con “aquello que nos han enseñado que es atractivo” y de esta manera no vulnerar a nuestros cuerpos y seguir reproduciendo la violencia socialmente impuesta. Sobrevivir a una pandemia antes que a esta clase de prejuicios que en nada contribuyen al bienestar propio, nos hace presas de figuras públicas, influencers e incluso de personas cercanas que suben fotografías sobre su rutina de ejercicios o alimentación. Esta proyección de “bienestar” termina por caricaturizar el fenómeno sanitario por el que estamos atravesando al relegar su importancia.


Sin embargo, habitar nuestro cuerpo desde el respeto y el amor en una sociedad que necesita ser validada por el mayor número de likes que tienen sus fotografías es complicado, no sólo porque hablamos de una carencia de valores hacia el otro, sino porque se cimenta sobre un vacío que debe ser llenado a como dé lugar, incluso en una emergencia sanitaria. Paradójicamente con el incremento del número de fotografías de un cuerpo torneado o alimentación balanceada, se olvidan las condiciones materiales de aquel que está del otro lado de la pantalla. Un simple acto que podría pensarse como inofensivo puede resultar injusto, cuando se parte de la idea de que todos pueden “disfrutar de ese nivel de vida”.


El Covid-19 ha mostrado una sociedad que vive en una era del vacío en el que pese a perderse miles de vidas, de empleos y a estar en medio de un escenario desfavorable en el que los rebrotes se encuentran a la orden del día, la preocupación más importante es el de subir el mayor número de fotografías posibles, cuando hay personas que se encuentran en situación de calle y que no tienen alimento. Es éste el momento en que nos damos cuenta que, la comprensión errónea sobre el autocuidado conlleva a un habitar del cuerpo del que no forma parte la reflexividad, ni la prudencia porque no trabaja en consonancia con la salud emocional, ni la consideración del bienestar del otro, tanto como la propia.


Es doloroso confirmar que el virus no mata, pero la ignorancia sí cuando el respeto por el otro no es un quehacer primordial para todos, sin embargo, esta crisis sanitaria da cuenta del menester de replantearnos lo realmente importante para no perder más vidas. El problema es ideológico en la medida en que bajo el argumento de la individualidad rechazamos la importancia de que el otro viva dignamente. No se trata, entonces, de prohibir que se suban fotografías porque eso atentaría contra la libertad de expresión, sino de hacerlo con prudencia y bajo la consideración del impacto que pueden tener nuestras publicaciones en las redes sociales. Si consideramos la situación mundial al momento de compartir nuestro vivir con los demás, especialmente con aquellos desfavorecidos en este momento de emergencia sanitaria, trataremos de pensar desde las necesidades del otro, pues aunque la violencia esté introyectada debemos darnos a la tarea de romper con esta forma despiadada de vejación y ser condescendientes con nosotros mismos porque esto implica tratarme y tratar a los demás con respeto.


por Anayely Santiago García


Imagen tomada de Internet.

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