Childfree, la vida sin niños

Hace unos días vi un video en Facebook, en el cual una señora batallaba para sacar a dos de sus hijos de una fuente en un centro comercial. Los niños brincaban, salpicaban, reían y jugaban dentro de la fuente como si nada pasara. La señora no encontraba qué hacer, pues no podía atraparlos, además de que forcejeaba con un tercer infante, el cual, al igual que sus hermanos, deseaba jugar con el agua.


Todos en el centro comercial observaban, la señora entre pena y desesperación decidió meterse a la fuente a perseguirlos, agarrando sólo a uno de ellos y sacándolo a la fuerza; fue tal su desesperación que decidió avanzar sin importar que dejaba al último niño dentro de la fuente, éste, al darse cuenta de que su madre lo había dejado, por fin se salió de la fuente para alcanzarla.


El vídeo me causó gracia, aunque también he de decir que sentí un poco de lástima por la señora y la situación que vivió. Hoy en día tengo 33 años y a pesar de estar en una relación estable, ninguno de los dos tenemos planes de casarnos ni mucho menos de tener hijos.


Lo curioso aquí es que, en más de una ocasión, tanto nuestra familia como amigos, nos han criticado esta elección, como si se tratase de algo “incorrecto”. ¿Y para cuando los hijos? nos han preguntado más de una vez, como si tener niños se tratase de una obligación. Curiosamente me doy cuenta de que la mayoría de las personas piensa en que así debe de ser, pero alguna vez se han preguntado el por qué.



La mayoría de mis conocidos comenzaron a casarse y tener hijos, la mayoría sin hacer demasiados cuestionamientos al respecto. En su momento estaban enamorados, todo era color de rosa y parecía que iban a conseguir el deseado y mítico “felices para siempre”. Sin embargo, no fue así.


Hoy en día casi el 70% de ellos están divorciados, peleando la custodia de los hijos o la cuestión de manutención, algunos incluso no soportan ver a su expareja y cada que lo hacen, debido a un trámite o a la custodia, termina en una desagradable experiencia.


En más de una ocasión he escuchado la sentencia: siembra un árbol, escribe un libro y ten un hijo. Bueno, ya sembré un árbol, escribí un libro (entra aquí para saber más sobre mi libro), pero… ¿tener un hijo? no lo creo, ¿por qué? no le veo sentido.


Es por qué aún no lo tienes, también he escuchado eso. Así que un día decidí preguntarles a mis conocidos por qué decidieron tener un hijo y las respuestas me dejaron helado. Las más comunes fueron:


- Para tener un matrimonio sólido, tener un hijo significa que la relación va en serio.

- Para que alguien me cuide y vea por mí cuando esté viejo.

- Pues porque todas mis amigas ya tienen bebés, ni modo que yo no.

- Porque el apellido debe de seguir existiendo, ¿quién va a conservar mi legado?

- Para no estar sola nunca, así siempre tendré compañía.

- Es que, si no vamos a formar una familia ¿para qué estar juntos?

¿Relación seria? ¿cuidado? ¿legado?, – ¡Diablos! – Me sorprendió escuchar cosas tan egoístas.



La verdad es que la mayoría nunca se detiene a pensar de manera profunda en el por qué quieren tener hijos. Y nada de lo anterior es una verdad absoluta, ¿por qué lo digo? Porque puedes tener hijos y tu pareja te puede dejar de todas formas, la relación puede terminar, el hecho de tener hijos tampoco te garantiza que te cuidarán en tu vejez ni que querrán continuar con tu “legado” o hacerte compañía por toda la vida.


Socialmente hablando, la mayoría de las veces no se concientiza lo que en verdad significa tener un hijo; traer a un nuevo humano a este mundo, generar vida, no es cualquier cosa. Un hijo no es un accesorio, no es una mascota, no es algo que debas de utilizar para llenar un vacío, darle a esa pequeña criatura la carga y la responsabilidad de tu felicidad es el motivo más tonto y egoísta para engendrarlo.


Algo que parece que muchos padres se niegan a aceptar que esa personita no les pertenece, – es verdad–, sí es su hijo, pero no les pertenece. Es un individuo aparte, lo puedes amar libremente pero no puedes condicionar su amor, no puedes reprochar sus decisiones, reclamarle por no querer ser como tú o seguir tus pasos, no lo puedes culpar por ser diferente o incluso contrario a ti y luego ponerte en plan de víctima porque te ha “decepcionado”.


Hay personas que piensan que el vacío en sus vidas o en su relación, se terminará cuando tengan un hijo porque dependerá de ellos, los “necesitará” y sí, es verdad, pero sólo por un tiempo, porque después será un adulto independiente y guste o no, él no está obligado a estar al lado de sus padres.


Lo anterior, no lo digo de manera fría o déspota. Lo digo porque pienso que engendrar y tener un hijo debe ser una expresión de amor libre, darle todo lo que desees darle sin esperar nada a cambio. Lamentablemente gran parte de la población no está lista para un manejo emocional de este calibre, como dijeran aquellos memes en las redes sociales: no están listos para esta conversación.


En nuestro caso, mi pareja y yo, no hemos decidido no-tener hijos porque seamos unos insensibles, sino porque verdaderamente no los necesitamos: estamos llenos, completos, en amor. Nos sentimos bien con nosotros mismos y con la vida que tenemos. Hemos trabajado mucho en nuestro interior para tener esa sensación de plenitud y eliminar, poco a poco, cada uno de los vacíos que en algún punto de nuestra vida se generaron y mantuvieron.


Entonces, ¿a dónde va ese amor? ¿ese cariño, ese cuidado, esa expectativa? Simple: a nosotros. Y aunque suene extraño no me refiero a “nosotros” como pareja, me refiero a nosotros como individuos; pues tampoco creemos que el otro debe ser tu mundo.


Nuestra relación marcha muy bien debido a que sabemos que no nos necesitamos ni dependemos el uno del otro. No tenemos ningún compromiso ni algo que nos ate u obligue a estar al lado del otro, sin embargo, lo estamos y nos amamos. Esa es una expresión de amor más pura y convincente que firmar un papelito en donde dice que nos debemos cumplir y tener un hijo para quedarnos y que todo el mundo vea que lo nuestro va en serio, ¡qué tonterías!


Cuando no se cuestionan los “deberes” sociales, se termina por seguir los patrones de comportamiento completamente a ciegas. A veces, en verdad, no se quiere lo que se cree querer, simplemente “se cree” y eso no nos permite ponerlo en tela de juicio.


Tenemos el don de engendrar vida, creo que esa es una de las más grandes responsabilidades que podemos tener como seres humanos, pero no hay que tomarla a la ligera, hay que cuestionarlo antes de aceptarlo.



por José Peña S.

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