¿Caminamos juntos?


Ser docente, actualmente en México, es una labor llena de profundos retos, no sólo porque la Secretaría de Educación Pública (SEP), se ha desatendido del acompañamiento a los estudiantes, tanto emocional, como académicamente, sino porque esta falta de involucramiento ha llevado al sentimiento de abandono de los estudiantes. Esto no se debe únicamente a las limitaciones estructurales en las que se desarrolla la educación, también a la desestimación que se había tenido hasta hace poco sobre el “home office”.



Sin embargo, la pandemia ha doblegado los prejuicios que se tenían con respecto a la educación y el trabajo en línea ¿Qué otra forma tenemos de comunicarnos con el otro, sino es a través de la virtualidad? Es problemático cuando no existen las condiciones materiales para poder trasladar el mundo de la enseñanza presencial al virtual, pero es un daño moral cuando no hay acceso al derecho a la educación, por ejemplo, cuando una familia mexicana promedio no tiene acceso a un dispositivo electrónico con conexión a Internet para continuar con las clases.



La violencia estructural en la enseñanza mexicana que vive este momento histórico ha polarizado (aún más) a la sociedad porque hay quienes piensan que no se trata de estudiantes renuentes a la enseñanza virtual sino a la falta de capacitación para realizar una efectiva transición a la atmósfera virtual, la cual, desde hace años, exige a nuestro país por dotar de las condiciones necesarias para desarrollar el aprendizaje desde la tecnología.



En este caso tomemos por ejemplo el uso de “enciclomedia”, política educativa implementada durante el gobierno de Vicente Fox Quezada que fracasó porque no todas las escuelas cuentan con acceso a Internet, lo mismo sucedió en la gestión de Enrique Peña Nieto con el reparto a las escuelas rurales de tabletas para tratar de combatir el rezago académico. No se trata entonces, de políticas mediatizadoras, se requieren soluciones que atiendan a la población más vulnerable.



¿Cómo podemos generar un acompañamiento asertivo entre los estudiantes y los docentes que trascienda hacia la consciencia de lo que implica históricamente este momento para la humanidad? Es importante que desde las necesidades de los docentes y los estudiantes pensemos en políticas públicas que consideren el acceso a una educación y aprendizaje colaborativo.



El andamiaje que supone el aprendizaje es ya difícil en sí mismo, y si a ello sumamos las condiciones precarias en las que se está gestando este último, parece que los estudiantes quedan a la deriva. En este caso, aunque los padres asuman la función de docentes, el estudiante sigue perdido en un mar de conocimiento en el que su guía se encuentra igual.



¿Y si caminamos juntos, pero no a tientas? ¿Y si aprendemos unidos desde la horizontalidad? Estoy segura que nos espera un proceso reconstructivo en el que las relaciones humanas buscarán la consonancia para realizarse con el otro.


Por Anayely Santiago


Imagen de cherylt23 en Pixabay

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