¿Cómo aprendí a vivir conmigo?


La crisis sanitaria que vivimos actualmente ha provocado el aplazamiento de metas, planes, proyectos e incluso interfirió con nuestros deseos de Año Nuevo. Sumado a eso la humanidad se ha enfrentado a un colapso económico, físico y emocional, al ver cómo se derrumba de un día a otro todo lo que llevó años construir. Al principio de la cuarentena, sentimientos de angustia, enojo, frustración, problemas laborales, entre otros, se hicieron presentes en la sociedad, pero ¿Cuántas personas lo han solucionado? Vale la pena felicitar a quienes tuvieron las herramientas necesarias y supieron aprovecharlas al máximo para sobrellevar esta situación. Sin embargo, aún muchas personas, están en el mismo lugar que hace tres meses, viviendo en angustia, estrés, depresión y ahora también, cargan con enfermedades derivadas de esos padecimientos. Para muestra, un botón Dicen que no hay mejor ejemplo que el que se vive en carne propia. Y así fue, al iniciar mi cuarentena lo tomé como unas vacaciones familiares en casa, fortalecí lazos que se estaban rompiendo en mi familia. Creo que no podría comenzar de mejor forma, pues de lo contrario no creo que hubiera podido soportar demasiado tiempo sin trabajo, encerrada y pensando, como muchos de nosotros, en las deudas pendientes. Aun así, pasé más de tres semanas con migrañas, (día y noche), taquicardias y mi piel comenzó a lucir como si fuera 15 años mayor de lo que en realidad soy, pero no fue hasta que alguien tuvo a bien decir que tenía “cara de espantada”, cuando decidí tomar cartas en el asunto. Después de ese comentario comencé a hacer una introspección y a cuestionarme: - ¿Por qué los demás tienen esa percepción de mí?, ¿Qué estoy mostrando para que ellos noten que algo no está bien? Ahí fue cuando supe que predominaban en mi ser: Angustia, tristeza, rechazo, además de sentimientos de frustración y estancamiento. Aprendiendo a vivir conmigo Cuando reconocí esas emociones, tuve el coraje de enfrentar la situación, ya no quería seguir así. Entonces, comencé a leer libros que había abandonado, investigué sobre temas de mi interés, cociné desde el amor y no la necesidad de sólo servir un plato en la mesa a la hora de la comida; cuidé mi físico, mi cabello, mi piel, uñas e hice de todo para volver a sentirme en paz conmigo misma, hasta verme de nuevo al espejo y amar mi reflejo. Aprendí a vivir conmigo. Recuerdo que tiempo atrás llegue a despreciar abrazos, halagos de quienes me quieren, pero yo me aferraba a cumplir mis metas laborales. Me aferré tanto que olvidé cuidarme, y ahora me doy cuenta de que, si no hubiera vivido esta cuarentena, tal vez seguiría en la misma rutina sin darme cuenta lo que pasaba en mi interior y cómo me percibían quienes me veían. Con estas líneas espero hacerte ver la importancia de cuidar de ti mismo, de amarte, procurarte, consentirte e incluso abrazarte lo suficiente para volver a florecer. Pregúntate si al término de esta situación realmente quieres volver a tu “vida normal”, o prefieres darle otra cara a la vida, pues lo único real es que en esta vida sólo estas a cargo de ti mismo.


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