Barco de esclavos

La abolición del esclavismo es algo que durante décadas gran parte de la humanidad ha buscado erradicar, sin embargo, la esclavitud moderna aún es un mal que nos aqueja. Cuando el regreso a la “nueva normalidad” implica sacrificio del sector más vulnerable y marginado económicamente, el 02 de junio del 2020, el primer día, se reportaron tan sólo 500 mil usuarios en el metro de la Ciudad de México[1], como si estuvieran viajando en un “barco de esclavos”.


Las condiciones precarias en las que se encuentran las personas más pobres, quienes no pueden dejar de trabajar porque si lo hacen simplemente no comen, además de un salario mínimo no alcanza para tener una vida digna; son los motivos por los cuales las personas deben exponerse de esa manera al contagio. Y a pesar de que el gobierno lo sabe, continuamos luchando contra una lógica capitalista que insiste en devorar las vidas de aquellos que no tienen los medios de producción.


Nunca ha sido más peligroso compartir el espacio público, pero ante una emergencia sanitaria como la que estamos viviendo es lamentable ver imágenes donde el atiborramiento denigra la dignidad humana, donde el valor de aquellos que trabajan es cuestionable porque no tienen el mismo acceso a la sanitización que los sectores poblacionales más adinerados. Ante esta desigualdad estructural, la unificación sólo se puede apreciar en el uso de cubrebocas, caretas y gel antibacterial, los cuales no sirven de nada en espacios públicos congestionados, por lo que este regreso a la nueva normalidad expone las grandes carencias que México tiene para poder garantizar la misma protección a los derechos humanos de todos sus habitantes.


Entonces, hablar de esclavitud moderna ya no parece tan descabellado cuando bajo el discurso de “superación personal y desarrollo profesional” se ha legitimado tener que padecer inevitablemente las condiciones insalubres que nos ponen en riesgo a todos, pero acaso, ¿no estamos en una sociedad que se jacta de garantizar la dignidad humana?, parece ser que en la práctica cuando sólo unos cuantos tienen el privilegio de estar seguros en sus casas, no existe tal garantía.


Finalmente, el panorama que acabo de plantear muestra que los derechos humanos siguen siendo un ideal teórico que no logra abrazar la realidad, ni las necesidades de los más pobres porque su utilidad no es funcional ante escenarios como del COVID-19.


Lamentablemente no hemos avanzado mucho desde la Revolución francesa ; la Segunda Guerra Mundial o la permisibilidad de comercializar con otros seres humanos. Aún dañamos al otro cuando lo consideramos un medio para el mantenimiento de un país y no como un fin que tiene necesidades y aspiraciones propias. Vidas que son reemplazables con otras, pues estamos en un mundo donde todo y todos son desechables.


Por Anayely Santiago García.



Imagen: _Yan_Carpenter_RíodeJaneiro2020

[1] El primer día de la nueva normalidad casi como cualquiera antes del covid. (02 de 06 del 2020). La jornada, p.5.

Imagen:

Lalo [@Lalo72074066], (25 de junio de 2020), #cdmx#metro#coronavirus 6 AM cuál pandemia ? [Tweet], Twitter https://twitter.com/Lalo72074066/status/1276105655137579012?s=20

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